La carrera de Mike Hadreas sigue una evolución consecuente con sus postulados iniciales. De hecho cada nuevo disco de Perfume Genius desde aquel “Learning” (2010) podría definirse suscribiendo las mismas palabras que en aquella reseña aquí entonces. Su personalidad es la que es con sus filias y sus fobias, de modo que a lo largo de la década las entregas se han ido perfeccionando, sobre todo en la calidad musical. De hecho, este “Set My Heart On Fire Immediately” (Matador 2020) utiliza buena parte de los recursos plasmados hace tres años en “No Shape” con la apuesta por Blake Mills.
A éste ahora se ha sumado -pareja perfecta- Rob Moose y, en tres canciones, Sam Gendel, también músico de sesión en demanda. Entre ellos, más la contribución de otros veteranos reputados como Jim Keltner y Pino Palladino, dibujan un mapa sonoro para que los dramas y pasiones queer de Mike muestren su inestabilidad crónica en todo su esplendor (tema más polémico a debatir sería por qué este tipo de músicos aplican una `estrategia´ artística tan rimbombante).
Casi todas las piezas están dominadas por electrónica y/o piano, dividiéndose la grabación en dos mitades separadas por una “Your Body Changes Everything” infalible (como si Depeche Mode admitiesen arreglos de violín). La primera es más rítmica, destacando la sencillez pop de “Without You” con su hilo de cuerdas crepuscular, “Describe” con aires entre Pavement y Grandaddy, o la promocionada “On The Floor”. La segunda parte ya ha tendido como preámbulo una “Leave” de aspecto limpio pero con trasfondo cavernoso -en ella está el título: `set my heart on fire immediately, chain me to the dream forever´- que se desarrolla a partir de “Moonbend”, y sobre todo en la oración mortuoria de “Just A Touch”, la introspección lenta de “One More Try” con arpegios sixties revitalizados, y el final -otra plegaria sentida- con la luz tenue y terminal de “Borrowed Light”. Entre ellas, una amago de pop en “Nothing At All” y un súbito despertar eléctrico a mitad de “Some Dream”.
El resultado, tomado en su globalidad, es de mayor cercanía melódica y calidad en la oreja -composición, elaboración, etc-, siempre que consigamos abstraernos de la tendencia de Hadreas de coquetear con el over the top.