Aunque Melbourne suscite interés por su pujanza musical durante los últimos años, su glamour -si acaso más terrenal- no puede compararse al del universo artístico de Los Angeles. Lo digo porque, escuchando “How Much Works” (Chapter Music 2020), el debut de Esther Edquist operando de largo como Sweet Whirl, sobre todo en canciones como “Something I Do” -ella dice que la compuso bajo la influencia de Cat Power-, esas maneras de vocalización dramáticamente sobria evocan a Lana Del Rey.
También recuerda a la música de Lana cada vez que a lo largo del disco Esther se acerca con su piano al R&B, como si Carole King en “Sweetness” viajase al presente respaldada por una caja de ritmos suave. Toda la grabación supura aquel pop regio seventies -tipo Tobias Jesso Jr sin las esquirlas Beatles- esculpido con encomiable solidez -“Patterns Of Nature”- desde la perspectiva desencantada del presente, como “Weirdo”, una suerte de “Creep” resabiado de tonadilla fácil y su pizca de sarcasmo femenino (`and I have read my Camus/ and I have read my Sartre/ drunk the morning after´).
De una segunda mitad donde aparecen un par de temas de guitarra acústica -“How To Count” y “Closing Time”- y que a nivel personal encuentro un poco inferior a la primera, cabe destacar esa preciosidad de vals -con sabor a concertina- que es “Tail Light” para apuntalar el paso decisivo -que no definitivo: Esther empezó con dream pop en 2016 e incluso se atrevió después con un proyecto experimental- de un talento en ciernes.