De los tres violinistas que han dado el paso desde la instrucción clásica a la música alternativa, yo soy más de Andrew Bird sobre todo, luego de Kishi bashi, y menos de Owen Pallett -me dejo a Patrick Wolf y a un recorrido enciclopedista: Jerry Goodman, etc-, seguramente siguiendo el orden de mayor a menor distanciamiento con la música clásica. Al canadiense siempre le he visto, pese a lo experimental, en un segmento barroco y cercano a la música de cámara ocupado por músicos como Neil Hannon.
Ahora reaparece Owen de puntillas con “Island” (Domino 2020), disco que el mercado lleva ya anunciado tres años largos. Las notas sostenidas de un piano a cámara lenta en el arranque instrumental deja paso a dos canciones de construcción estratégica -“Transformer” con guitarra acústica, “Paragon Of Order” con piano, aunque dícese que el grueso del disco se compuso con guitarra- a las que sucede el segundo tercio del álbum, el mejor y más introspectivo. “The Sound Of The Engines”, de arpegios acústicos e instrumentación floral -cuerdas a cargo de London Contemporary Orchestra, vientos de St. Kitts´ Chamber Orchestra-, propone un esplendor floral sereno, “Perseverance Of The Saints” se sumerge en la introspección, mientras “Polar Vortex” es una acuarela crepuscular que podría venir de Nick Drake si se viese despojado del folk.
El siguiente tramo de la grabación es de una belleza más dinámica con las promocionadas “A Bloody Morning” y “Fire-Mare”, pero sobre todo -sin entrar en el texto- “Lewis Get Fucked Into Space”. Un último instrumental sirve como antesala al final de “In Darkness” que es sobrecogedora desde el mismo título. Todo muy bien hilvanado, con aire de continuidad conceptual -el personaje de Lewis- y la siempre bienvenida calidad de este tipo de músicas trajinando con partituras nobles. Lo mejor del disco es su mayor predisposición para agradar evitando complejidades de antaño.