Saxofonista californiano perteneciente a la generación de renovadores que pretenden adaptar el jazz a la mentalidad musical del siglo XXI, Sam Gendel se está proyectando últimamente como solista, como miembro de grupo, y alquilando sus servicios para otros (Vampire Weekend, Okay Kaya, Blake Mills).
Con su nuevo álbum “Satin Dolls” (Nonesuch 2020) agarra alguna composición propia pero sobre todo un puñado de clásicos para reformarlos. En su proceso de transformación/deconstrucción a veces solo utiliza el esqueleteo de la pieza, otras la armonía o la melodía. Más diáfano o más difuso. Con detalles de hip hop, glitches, delays, samples, etc, construye una ambientación entre The Caretaker y Andy Stott de sugerente talante experimental. Y poco importa que se reconozcan más o menos “Afro Blue” (Mongo Santamaría), “Satin Doll” (Duke Ellington), “Goodbye Pork Pie Hat” (Charles Mingus pasado por el filtro de Joni Mitchell), “O Ovo” (Hermeto Pascoal), “Freddie Freeloader” (Miles Davis), “Stardust (Louis Armstrong, Glenn Miller, Nat King Cole, etc) o “Love Theme From Spartacus” (de Alex North, el famoso autor de bandas sonoras que se las tuvo con Kubrick por “2001”).
El tejido montado por Gendel con el bajo de Gabe Noel y las percusiones e ideas de Philippe Melanson suena tan denso y de respiración anfibia y narcótica como estimulante, gracias a piezas más bien cortas teniendo en cuenta que hablamos en origen de jazz. Jazz trucado con humo y laptop.