A menudo me pregunto por qué, cada vez que publica un disco, siento necesidad de reivindicar la manera de Luke Temple. Tal vez sea porque me parece que representa ciertos valores cuya pérdida -sí, están en peligro de extinción- menguaría aún más el arte dentro del negocio discográfico. Apenas sale en portada, nadie le da importancia a ese heredero del folk trabajando la electrónica, y sin embargo comulgo plenamente con su perspectiva de la tecnología humanizada a través de ritmos globales. Casi nunca díscolo a pesar de utilizar herramientas kraut, porque entiende que todo puede reconducirse aterciopelado hacia la armonía pop.
Por poner ejemplos de “Half Price At 3:30”, su segundo álbum como Art Feynman, una pieza como “The Physical Life Of Marilyn”, rozando lo industrial, se ve maquillada por una transpiración anfibia que la dota de suavidad. Entre el oleaje electrónico de “Ideal Drama” sobre pulso inquebrantable, nunca inyecta un detalle tempestuoso, y en “Taking On Hollywood” busca lo celestial a través del autotune casi como Lambchop.
A Luke además le encanta pervertir electrónicamente ritmos africanos y trucarlos para ponerles encima un tapiz orgánico, como en “China Be Better” y “I´m Gonna Miss Your World”, hasta incluso confrontar la dureza del afrobeat con la calidez de cantautor en plan casi Paul Simon (“Not My Guy”), obteniendo victorias pírricas que han de tomarse como hazañas de un alma animista en un mundo incapaz de creer en nada.