Tras muchos años porfiando en el circuito nacional -con Ursula, TODO, en solitario-, este tercer álbum de Ana Béjar nos la presenta como una artista -¿cantautora multidisciplinar?- experta en encontrar agua en las ciénagas resecas de los sentimientos. No en vano el título “Sahara Star” (BelamarH 2020) apela al desierto. A cualquier desierto, llámese Mojave, Sahara, arábigo o australiano. Donde la reverberación de una guitarra se amplifica y un instrumento de percusión se confunde con una serpiente de cascabel.
Con una voz expresando cada vez mejor lo que pretende su pluma poética, mezcla guitarras acústicas y eléctricas -con el punto retorcido del páramo-, la voz -de susurro áspero o lamento profundo- y pinceladas de electrónica. En primavera publicó el aperitivo de “Himmel Und Erde”, y en julio “Sahara Star” para coincidir con el álbum. Donde no obstante certifica los elogios es en una versión de “Everything” de Vic Chesnutt afín a la fórmula de Mark Lanegan, que además constata un presentimiento que me sobrevolaba desde los 16 segundos de empezar con “I First came Blind”, más allá de Giant Sand: aquí hay mucho de Nick Cave. No es que esté presente en todas las canciones explícitamente. Ni el repiqueteo acústico de “Oxygene” -más American Music Club- o el de “Haunting Eyes”. Ni en la parte instrumental inicial de “Rhoda”, pero sí en lo implícito gélido del texto.
A recomendar el crescendo de “Exile” -dos buenos “Exile” esta añada, junto al de Taylor Swift- para completar los distintos matices de una grabación con una atmósfera muy bien conseguida.