Uno de los grupos que más he visto en directo, tres, es Sylvan Esso. Una debilidad. Incluso mi foto de twitter es la de Amelia Meath bajo los focos. Para ser unos humildes artesanos -apenas tienen repercusión mediática, ni hits- no está nada mal. Y es que su fórmula sencilla resulta muy adictiva. La voz femenina de folk tradicional, pura como un manantial en un día radiante de primavera, recibe el contrapeso de la electrónica de laptop de Nick Sanborn macerando composiciones que rebosan melodía y pegada pop.

No me he dado cuenta de la importancia real de sus discos hasta visionar el verano pasado el film WITH. Las canciones de ambos -que se bastarían para un supuesto `grandes éxitos´ inmenso- llevadas al directo arropadas por ocho músicos amigos cobrando una vida más orgánica. Amelia ha traído las dos voces femeninas de sus tiempos en Mountain Man -Molly Sarlé y Alexandra Saucer-Monning- mientras Nick ha hecho otro tanto con compinches de su etapa en Megafaun (tanto Joe Westerlund como Matt McGaughan además estuvieron con Justin vernon). Se suman Dev Gupta a los teclados, Adam Schatz a la electrónica, Jenn wasner (Wye Oak) al bajo y la impresionante -porque impresionante es su discurso de guitarra en “Rewind”- Meg Duffy. Recomiendo encarecidamente su visionado un domingo por la mañana para sentir una emoción en principio escapista -bailar- pero capaz de vehicular muchos más sentimientos -la interpretación de “Slack Jaw”- en el mismo repertorio. Y, si quedan ganas tras una hora, completar viendo los 13 minutos del Tiny Desk home concert para aprehender la esencia del pop en su vestimenta elemental.

Como guinda, en septiembre han publicado el tercero, “Free Love” (Loma Vista 2020). Después de repasarlo un par de veces no me atrevo a decir que sus canciones son mejores que las anteriores. Pero sí que se crearon con el mismo espíritu por una voz como la de Amelia Randall Meath, que cantaba folk con enaguas y soñaba con soltarse un día la melena bailando. La vuelvo a imaginar sobre la tarima, ante cualquier insinuación de palpitar rítmico, gesticulando desinhibida, libre, disfrutando con la explícitamente comercial -aunque pelín de linea fría- “Ferris Wheel”, la obvia “Train”, la ondulante “Frequency”, o como una niña en su nube soñadora (“Rooftop Dancing”, “Make It Easy”). Tan endiabladamente (no tan synth) pop como respetuosa con sus privilegiadas cuerdas vocales. ¿Cuántas artistas podrían encajar indistintamente en los festivales de Newport y Sonar? Un placer, como siempre.