Como Gillian Welch & David Rawlings, desde el duro confinamiento de Nashville -tornado previo-, engendró Molly Tuttle una colección de versiones. Ella sin embargo no se limitó a interpretar solo con el material técnico que tenía a mano, sino que pasó las cintas al productor Tony Berg -Andrew Bird, el último de Phoebe Bridgers-, el cual a su vez se las pasó a otros músicos que añadieron sus instrumentos.
Lo que más atrae de “…But I´d rather Be With You” (Compass 2020) es el tratamiento de una intérprete de Nashville cercana al bluegrass a algunas composiciones muy alejadas de su estilo. Humaniza “Mirrored Heart” de FKA twigs de manera ejemplar despojándola de la electrónica, borra el reggae de “Sunflower, Vol. 6” de Harry Styles hasta impregnarla de un romanticismo más sincero y menos estético. Obviamente las piezas elegidas de su formación adolescente (“Olympia, WA” de Rancid, “Zero” de Yeah Yeah Yeahs, donde la guitarra veloz roots no eclipsa el subidón de la original) son voluntariosas y poco más. Tampoco en “Something On Your Mind” de Karen Dalton la voz consigue pellizcar tan hondo ni el piano iluminar al estilo “Astral Weeks”. Respecto a las tres que más me afectan porque han sido parte de mi formación, me gustan tanto “Fake Empire” de The National como “She´s A Rainbow” de Rolling Stones, pero me ha emocionado sobre todo -porque hacía milenios que no la escuchaba- “How Can I Tell You” de Cat Stevens. Para esto sirven discos así.