Noosa está a hora y pico en coche rumbo norte desde Brisbane, en plena Costa Del Sol australiana entroncando con la tropical Queensland. De allí son dos -los hermanos Toma y Andy Banjanin- de los cuatro australianos -el quinto miembro es suizoamericano- miembros de Tempesst, una de las novedades musicales más recomendables con un primer álbum en 2020 (ya suscitaron interés con el EP “Doomsday” en 2018).
“Must Be A Dream” (Pony 2020) tiene la virtud de trabajar con referencias clásicas que encajan con los de esta página. Con una novedad: Toma reconoce la influencia en los arreglos orquestales del magma de la ELO. Estos fluyen con naturalidad melódica australiana en más de la mitad de las piezas, sin la saturación de Jeff Lynne sino con un concepto de “grande” más cercano al aplicado por ejemplo por paisanos como The Triffids o, a veces, al de los Flaming Lips de “The Soft Bulletin” o Mercury Rev en “Deserter´s Songs”. La otra influencia oceánica sería aplicar el discurso tonal de Nick Cave -en “Better Than The Devil” y en “On The Run”, esta última con una versión acústica letal en youtube- poético y apocalíptico.
Casi todas las canciones merecen un elogio. La manera en que la voz en “Must Be A Dream” cambia la manera de modular; el balazo de “High On My Own” desembocando en la pomposidad de los Pink Floyd más asequibles; el saxo tórrido de “Mushroom Cloud”; la frescura gloriosa relatando la pérdida de la virginidad de “With A Woman” con conjunción vocal a lo Fleet Foxes; el trote de “is This All That There Is?”; el romanticismo sin bridas de “Walk On The Water”; o el final tipo Richard Hawley árido en cinemascope de “Voices In My Head”. Un disco con rincones infinitos donde pasarse a saborear aromas clásicos sin remordimientos. Big Music.