La deuda de la música norteamericana con Daniel Johnston es bastante más abultada que los réditos económicos que éste obtuvo en vida. Tras sus canciones con apariencia de cancioncillas se esconde la esencia misma del pop. Soñador, atolondrado e imperfecto, Daniel se ganó el respeto de los músicos, que deseaban tener algo que ver con él pese a sus inestabilidades, y algunos incluso consiguieron respaldarle en dosis esporádicas sea en disco como en directo.
A Doug Martsch de Built To Spill su momento Johnston le pareció lo suficientemente importante como para intentar plasmarlo, así que ha recopilado -junto a Jason Albertini y Steve Gere- una serie de piezas previstas en el repertorio de 2017 para conformar “Built To Spill Plays The Song Of Daniel Johnston” (Ernest Jenning Recording Co. 2020), recordatorio de aquella sociedad y de la espeluznante riqueza escondida tras las composiciones naïfs.
Evidentemente en la transmisión se producen pérdidas. No está la voz tan peculiar y apasionada de Daniel, ni la acidez lo fi -en “Good Morning You” y “Heart, Mind And Soul”, canciones de su etapa cassettera guarrilla, se ha limpiado todo rastro de fango disfuncional-, ni el espíritu rondando la ternura infantil o las guitarras descacharradas marca de la casa. Al desnudarlas y vestirlas con traje serio no obstante se reivindican cualidades que antes solo se obtenían tras excavar entre la cacofonía.
Aunque la cosecha se centre mayormente en tres álbumes, “Artistic Vice”, “Fear Yourself” y “Is And Always Was”, con dos piezas de cada uno (“Tell Me Now”, “Honey Sure I Miss You”, “Mountain Top”, “Fish”, “Queenie The Dog” y “Fake Records Of Rock & Roll” respectivamente), todas son grandes composiciones, y el hecho que omitan el romanticismo desquiciado del estilo artístico original de Johnston conlleva a una visión formal edulcorada capaz de proveernos de otro gran álbum entre la americana, el jangle y el power pop.