Muchas cosas buenas ha aportado Adrianne Lenker en el último par de años. A la trayectoria ascendente de Big Thief se sumó su trabajo en solitario “abysskiss” y, ya en 2019, la eclosión total de la banda gracias a “U.F.O.F” y “Two Hands”. Debido al confinamiento, ahora recibimos una nueva ración de Adrianne en solitario adaptándose y explotando maravillosamente la anomalía que atravesamos. Son dos productos vendidos por separado y que se complementan para enmarcar el mosaico de su talento, “Songs” (4AD 2020) y “Instrumentals” (4AD 2020).
Es preciso subrayar que Adrianne es ahora mismo la artista más importante operando en mi universo musical. Con recursos mínimos consigue un atropello sensorial más allá de cualquier adjetivo. Solo guitarra, algún ruidito de campo y voz trabajando un manantial de resonancias desde las entrañas del bosque en una estancia recóndita de Massachusetts, con un discurso donde lo introspectivo es elevado a la sublimación de lo natural (aunque se muestre a veces incómodo, como las imágenes del caballo de su tía abuela yaciendo muerto en “Ingydar”, mientras las moscas `extraen azúcar de su cabeza´: `todo come y es comido, el tiempo es alimentado´).
En casi todas las canciones, de olor purificador, parece estar confinada pensando en una relación rota o simplemente echando de menos a su pareja, como buscando la complicidad confidencial -la riqueza de la reverberación de “Anything”, el chasquido continuo de los dedos sobre las cuerdas metálicas en “Heavy Focus”- en pos de la cercanía, sin escatimar -la segunda estrofa de “Not A Lot, Just Forever” parece pillada de “Mr. Tambourine Man”- en melodía. Las dos piezas más largas merecen destacarse. La letanía crepuscular de una “My Angel” que cierra el disco con un tajo abrupto, pero sobre todo “Come”, donde su lentitud estirando cada vocal busca la nota precisa para desplegar una oración escalofriante, la del momento final que todos deseamos: morir en brazos de nuestros hijos. Uno de los nudos en la garganta del 2020.
“Instrumentals”, el otro disco, se compone de dos piezas largas. “Music For Indigo” (21 minutos) prosigue la estela de “My Angel” a modo de versión adaptada para el nuevo milenio de una banda sonora tipo “Paris Texas”, mientras los arpegios iniciales de “Mostly Chimes” (16 minutos) van dejando paso a field recordings de la cabaña donde se confinó. Tintineos y campanitas adornan un retablo de lo más idílico.