El año pasado un grupo anónimo, SAULT, irrumpió en el mercado con dos álbumes por sorpresa. Poco -o casi nada- se sabía y se sigue sabiendo de ellos, salvo que Inflo (Dean Josiah Cover) parece comandar ese sonido que cubre gran parate de la Historia de la música de color, con ayudas como las de Cleopatra Nikolic (Cleo Sol) y Melisa Young (Kid Sister), ambas del entorno profesional del productor (Michael Kiwanuka, Little Simz, Jungle). El supuesto anonimato y la ausencia de acciones mediáticas han contribuido a incrementar la curiosidad. ¿Un productor lobo soiltario? ¿Un colectivo en la linea británica de Soul II Soul o Massive Attack?

Sea como fuere, las canciones impusieron su ley. “5” (Forever Living Originals 2020) combina la sequedad percusiva del punk funk -absorbida por el hip hop- con distintas gamas de soul -el inicio de bajo con batería y bongos de “Up All Night” presagia algo distinto y renovador- que mezclan lo ttrepidante -“Let Me Go”- con la pátina aterciopelada seventies -“Why Why Why Why Why”- hasta rozar el límite: “masterpiece” es como The Chi-Lites con la percusión de Khruangbin. Y rematan el sprint final con “Think About It” -¡¡qué groove tan subyugante!!- y la firmeza pop de “We Are The Sun” remachando.

“7” (2020) se publicó pocas semanas después para dejarlos a tiro de consagración. La aparentemente añeja -con sabor actual- “Feel So Good”, la política “Living In America”, la funky “Smile And Go” y la afrodisíaca “Friends” perfilan los parámetros de su cancha operativa, aunque la nula biografía y la falta de información impidió a los más desconfiados pronunciarse.

SAULT no obstante mantienen la opacidad de su estrategia mediática con los dos discos del 2020 para centrarse en la elocuencia de su música. Ante la imposibilidad de entrevistarles, la conclusión es que se dividió el material condicionados por el asesinato de George Floyd el 25 de mayo, pues “UNTITLED (Black Is)” (2020), publicado menos de cuatro semanas después, es un alegato reivindicativo denunciando la situación de la comunidad afroamericana en USA, con la mirada más puesta en los textos que en las texturas. Algunas piezas son tremendamente explícitas como “Don´t Shoot Guns Down”, otras se disfrazan de mainstream para inyectar el mensaje (“Wildfires”), e incluso se recurre a fórmulas afines a los tiempos de “What´s Goin´ On” como “Sorry Ain´t Enough”. En “Bow” comparece Michael Kiwanuka para sumarse al trance hipnótico. Durante la segunda mitad de la grabación arrinconan parte de la protesta en busca de un tono de intenciones pedagógicas que reafirme el discurso de marginación racial (“Black Is”). Conceptuales e identitarios, buscan lo conciliador (el amor nos unirá a todos, según “Eternal Life”) sin escatimar picar de clasicismo ancestral con bagaje religioso (gotitas de gospel, o de tributo a los grupos vocales negros tal que en “Miracles”). Si estás convencido de su mensaje y teniendo en cuenta que los ingresos irán a parar a fines benéficos, éste es tu álbum del lote.

En cuanto al otro disco, “UNTITLED (Rise)”, publicado en septiembre, entronca con el mensaje del anterior con más esmero en los acabados. Tiene una primera parte con presencia abundante de percusión carnavalesca, sea batucada como más onda Notting Hill. La mezclan on exuberancia orquestal florida y tramos de pulso Chic en “Strong” -su pieza más larga a día de hoy, creo, seis minutos-, con gamuza de teclados desbordados al final en “Fearless”, perdiéndose en el placer del ritmo en “I Just want To Dance”, batallando en “Street Fighter”, y entre el afrobeat de “The Beginning & The End”. E incluso cuando los tambores se esfuman y aparece la madrugada sensual con bola disco en “Son Shine”, flotan coquetos algunos tintineos de cencerro cariocas. Esta fase se remata con la tremenda contundencia del beat aupando en medio una subida solemne -tipo “Unfinished Sympathy”- en “Free”, para recuperar el tono de denuncia en el tramo final. Tanto “You Know It Ain´t” como “Uncomfortable” parecen dedicadas a los blancos que se ponen la camiseta de Black Lives Matter pero después se van a casa sin hacer algo más por cambiar las cosas, y “Scary Times” de nuevo resupera la militancia derivada de la tragedia de George Floyd.

Al final, tras un instrumental de piano lento con escobillas de perfume jazz digno de cualquier bar de hotel urbano de lujo para parejas eventuales, sentencia con la dulzura sobrecogedora de “Little Boy”: `Little boy, when you get older, you can ask me all the questions, and I´ll tell you the truth about the boys in blue. Little boy, when you get older and you´re searching for answers, and the Lord´s truth for those who look like you´. El colofón de un bagaje de cuatro obras en año y medio cuya dimensión ahora mismo sobrepasa cualquier análisis con perspectiva. Dejemos que SAULT nos empujen por su montaña rusa en tan magnífica aventura.