“First Light” (2017) fue la constatación del trasvase definitivo de Dan Michaelson. Del rock a la música instrumental orquestada, un poco como Randy Newman pero con los polos más extremos que los del pop y las bandas sonoras al uso. Algo en la música del británico busca explorar sensibilidades de mayor calado.
Tras foguearse en discos de la pasada década con arreglos de cuerda y conseguir introducirse en soundtracks con un par de encargos, el pasado mes de enero presentó cuatro piezas con música de cámara influida por los repetitivistas (Reich, etc) bajo el título de “Argument For Strings”. En mayo ofreció una pieza de aperitivo (un preludio de cinco minutos) antes de publicar en agosto el grueso de “Colourfield I-VI” (Village Green 2020). Música descriptiva, plástica y de indudable belleza conde destacan los once minutos de “I”, con su entrada pastoral sobre la que nos inunda un torrente de gravedad melódica entre la que bucea el piano de Dan. Minimalismo y épica humilde a partes iguales. La otra pieza larga es “V”, con un hilo invernal que se torna casi en adagio tras la irrupción del saxo para retornar al crepúsculo lindísimo. Como estar tras el ventanal de cristal observando el hielo. En contraposición, cierrra con una “VI” corta donde estremecen las cuerdas de sus colaboradores Galya Bisengalieva -Radiohead, Frank Ocean- y Robert Ames.
Desconozco el mundo de la música clásica y qué pueden opinar los eruditos -los puristas o entendidos o cómo se llamen- sobre este trabajo. A mí me encanta porque creo que parte de postulados tangibles para un no iniciado, desde la perspectiva de un artista educado en la música popular. Sea como sea -además de emocionarme- me despierta cierta curiosidad para prospecciones futuras en un mundo para mí semidesconocido.