El álbum anterior de M. ward, el poco promocionado -tal vez porque cuestionaba parte de la industria discográfica- y autoeditado “What A Wonderful Industry” (2018), tenía un punto agreste menos condescendiente con su sacarina habitual pese a contar con Jim James, Conor Oberst, Adam Selzer y Mike Coykendall. De algún modo pues “Migration Stories” (Anti- 2020) debería proponer un retorno a lo que últimamente -última década- se ha venido esperando de -porque así nos ha acostumbrado- él.
No del todo. En la parte musical, sí. Las once composiciones se dividen en lentas y menos lentas. Solo una subida contada -en medio de “Independent Man”- y la dicharachera “Unreal City” esquivan el ambiente delicado donde parece que los implicados interpretan con gamuza y guantes (y eso que los pilares son Richard Reed Parry y Tim Kingsbury de Arcade Fire, algo más toscos que los músicos de sesión profesionales al uso). Esta vez Ward ha viajado a Canadá para ser producido por un Craig Silvey de currículo impresionante, que no ha escatimado en dar prioridad al intimismo del protagonista. Un disco muy susurrado -sea en modo canción de cuna como a lo JJ Cale acústico- que, como su título indica, trata el tema de la emigración, aunque no desde el prisma reivindicativo sino del emocional. Ahí está la sedada “Migration Of Souls”, con la suavidad embadurnada por un saxo adormilado, o una “Heaven´s Nail And Hammer” preciosa para mirar el paisaje nocturno de la portada.
A la espera de su disco con versiones de temas interpretados por Billie Holiday dentro de tres semanas, seguiremos buceando en este remanso de aguas estancadas entre nuestro origen y nuestro destino.