El polifacético músico canadiense Yves Jarvis, tras la repercusión mediática del antecesor, esculpe diez nuevas muestras sonoras alojadas en “Sundry Rock Song Stock” (Anti- 2020) en busca de asentar su peculiar estilo donde lo acústico y lo electrónico se esmeran en configurar espacios cómplices para avanzar.
La trampa -en sentido positivo- del disco para agradar se centra en el tipo de desarrollo de las piezas. Salvo el arranque con “Epitome”, la percusión selvática -con violín- de “Ambrosia, y “Notch In Your Belt”, casi todas las demás parten de bonanzas melódicas acústicas con voces de perfume psicodélico amable para dejar que las mutaciones experimentales aparezcan en el último tercio de la composición. Los ecos folkies del canyon de “In Every Mountain” están muy por encima de la electrónica, mientras guitarra y voz -un poco al estilo Woods- imponen su dominio en “For Props”. También en “Emerald” las voces emergen desde el agua plácida hasta proyectar en “Victim” una relajación sublime para -casi siempre, insisto- desvanecerse -como en “Semula”- durante el estertor.
Una vez acostumbrados a la fórmula, incluso percibimos la facilidad de transformar una estructura formal como la de “Fact Almighty” gracias al inteligente disfraz electroacústico preciosista. Y, sobre todo, sin perder un miligramo de naturalidad en su discurso de buenismo melódico semivanguardista.