La peculiaridad más significativa de “My Echo” (Raven Marching Band 2020), undécimo álbum de Laura Veirs, es que se cocinó mientras planeaba el divorcio con su marido Tucker Martine. Pero aún más peculiar era la situación pues él, además de su marido, era su productor. Y no se trataba del típico matrimonio californiano que se arrejunta hoy y mañana van a los juzgados, sino de una relación consolidada de casi dos décadas, cuando los dos eran casi novatos en la industria.
Con tantas dudas planeando en las cabezas de ambos, es normal que el disco no brille con la soleada transparencia del anterior, aunque tanto “Turquoise Walls” como “Another Space And Time” -dardo certero: `in another space and time, will remember the day the internet died, we found peace of mind´- se proyecten luminosas. El primer single, “Burn Too Bright”, está dedicado a la memoria de Richard Swift, y en otras canciones recurre a nombres propios musicales, como “Brick Layer” (`outside the door of the show, Juana Molina songs´) y “Vapor Trails” (`going through the ephemera, backstages to MMJ´), esta última con el guiño añadido de contar con Jim James colaborando.
En cualquier caso, sea por el poso inminente de la separación (`when I think of the end of times, you come to mind´, canta en “End Times”) o por la presencia de músicos que esquivan el prototipo del de sesión de Nashville (la guitarra de Bill Frissell, de nuevo el bajo de Karl Blau, y M. Ward a la batería), este disco apunta significativamente a final de ciclo. Quizás una buena pista futura sea la preciosa “All The Things”, o aquella -ahora reveladora- “I Was A Fool” publicada en febrero.