Lubbock, la ciudad donde nació Kevin Morby, es cuna de muchos músicos tejanos estimados. Tornillo, en el mismo estado, se encuentra a cinco horas y media en coche, y allí se ha grabado “Sundowner” (Dead Oceans 2020). Entre los dos sucesos, este músico ha construido una carrera musical, sea en Kansas o en California, rejuveneciendo la americana y contribuyendo a popularizar muchísimos talentos excelentes. ¿Por qué dejó Los Angeles para regresar a un entorno rural -incluso advierte de los peligros del sol del midwest en “Don´t Underestimate Midwest American Sun”- menos cosmopolita? Dejemos que quienes le entrevisten lo averigüen.
El caso es que el álbum vuelve al espíritu de “Singing Saw”, con pocos recursos y un sonido con la solidez y olor de su casa de madera llamada Little Los Angeles. El primer plano de la voz en “Valley” que no se amilana ante una guitarra acústica rasgada con mucha convicción da paso a una “Brother, Sister” espartana donde maneja sus referencias acostumbradas (Cohen, Cave, Cash). En “Sundowner”, que empieza como “Suzanne”, maneja el tempo con maestría hasta desembocar en un último minuto crepuscular y espectacular. De hecho es un disco repleto de canciones donde los crescendos son clave, como el de la última pieza “Provisions”. Y no faltan palabras a amigos perdidos -muertos en el caso de “Jamie”- como una “Campfire” dividida en dos tramos (en el clip, la segunda mitad nos deleitará con la presencia de una Waxahatchee con pinta de muy enamorada).
Vuelvo a la pregunta. A Morby se le veía triunfador en L.A, casi en modo influencer musical (¿la Meg de The Mullholland en “A Night At The Little Los Angeles” es Meg Duffy?). De aquella glamourosa vida a un 4 pistas hay un trecho. Pero sobre todo hay un retorno a los sonidos sencillos impregnados de esa convicción -capaz de hacerte desear la siguiente estrofa tras escuchar la anterior- que otorga a una voz, cuatro acordes, un apañito de teclado y una percusión -que solo aparece cuando hay que escalar- el diploma de arma letal.