La banda de Staten Island, al cumplir quince años, entrega en su sexto álbum un muestrario de piezas cortas -promedio de tres minutos- en media hora reflejando su estado actual. La base de “Long In The Tooth” (Daptone 2020) se pavonea desde su misma discográfica; funk de trazo grueso. Lo que no obstante aparece como referente es la combinación de algunos de sus referentes.
Escuchando la inicial “Long In The Tooth” queda todo fantásticamente a la vista. El caballo de batalla son los vientos, que proceden tanto del jazz etíope como de “Peaches In Regalia” de Zappa; o de Chicago Transit Authority; o de “Vehicle” (The Ides Of March). Todo ribeteado con un organillo tipo Ray Manzarek para la pincelada psicodélica (el farfisa al principio de “Renegade” bebe de los efectos sombríos de Doors). Y, un dato clave, con una base rítmica seca en consonancia con estos tiempos de hip hop (el hecho de ser música instrumental además contribuye a meterlos en el mismo cajón que Khruangbin).
Los Budos son más de detalles que de solos. Un saxo profundo por aquí -en “Gun Metal Grey”- o unos arreglos hispanos por allá -ese título, “Mierda De Toro”- sin perderse en virtuosismos fatuos. Directos al hueso.