Uno de los apellidos más conocidos del África occidental -la África subsahariana de mayoría francófona- es Touré, que, según se cree, proviene de la palabra elefante en suninké, el idioma de una etnia descendiente de los imperios de Ghana. En Songhoy Blues, tres de sus cuatro componentes se apellidan Touré sin estar relacionados, y uno de ellos, Garba, es hijo del percusionista Oumar Touré del grupo de Ali Farka Touré. No puedo imaginar la guía telefónica de Mali.
Con este párrafo se pretende subrayar los lazos que hermanan etnias allá, y que éstas son tan poderosas como para entrar en conflicto con otras rivales, dando lugar incluso a golpes de estado. Seguramente uno de ellos propició el último, que cogió a Songhoy Blues con el pie cambiado. Porque el título de su tercer álbum “Optimisme” (Transgressive 2020) parecía escapar del tono político de los anteriores, e incluso se sopesó la producción de Nile Rodgers -uno de los temas, “Pour Toi”, en su segunda mitad galopa sobre un ritmo disco- aunque finalmente cuajase la opción de Matt Sweeney.
Impresiona la consistencia sonora del conjunto de las composiciones, con la entrada de “Badala” marcando un pulso energético -¿entre Status Quo y Led Zeppelin?- que combina bien con el blues hipnótico -“Assadja”- cada vez más dispuesto -el ejercicio de blues blanco con solo de guitarra venenosa de “Dournia”- al zarpazo con guantes de seda, sin olvidar alguna concesión a la melodía -“Korfo”- o, por primera vez, a la elaboración de un producto exportable en inglés, como “Worry”.
No tan políticos como sociales, y más pulidos musicalmente para llegar mejor.