No me cuesta reconocerlo. Tras enterarme de las caracteríaticas de la nueva grabación de Sufjan Stevens volviendo a abrazar la electrónica, mis prejuicios se impusieron, y una escucha apresurada de “The Ascension” (Asthmatic Kitty 2020) arrinconó mi apetito y agudizó mi cautela. No me gustó “The Age Of Adz” y no necesitaba perder mi tiempo en una jugada repetida. He necesitado unas cuantas semanas para volver a intentarlo -porque el autor de “Carrie & Lowell” no puede equivocarse: he aquí la diferencia respecto a lo publicado en 2010-, prometiéndome a mí mismo más atención.
Afortunadamente la persistencia me ha sido recompensada. El nuevo tiene poco que ver -salvo la utilización de la electrónica- con aquella obra de aparatosidad ostentosa. En este caso cabe compararlo con la incursión electrónica de Bright Eyes -“Digital Ash In A Digital Urn”- sustituyendo las guitarras por sintetizadores sin mermar el olfato melódico del cantautor.
Durante el primer tercio del álbum al menos esto es así, con “Make Me An Offer I Cannot Refuse”, “Run Away With Me”, “Video Game”, “Lamentations” y “Tell Me You Love Me” debatiéndose entre el pop y la liturgia celestial del entorno de Oslo, donde fue concebido. Sí es cierto no obstante que la siguiente media hora (el total es de ochenta minutos) atraviesa momentos enredados en la maraña digital -nombres como “Die Happy”, “Ativan”, “Ursa Major” y “Gilgamesh”- interrumpidos por la dúctil “Landslide”. Pero en la última media, tras un cambio casi imperceptible debido a la concatenación rítmica de “Death Star” y “Goodbye To All That” -el martilleo duro de la primera sucumbe al peso melódico de la segunda-, se retorna al tuétano Sufjan. Algunos pensarán que siete minutos son demasiados para darle vueltas al mismo estribillo en “Sugar”, o que los doce de cierre con el single-protesta “America” no necesitan de tanta pirotecnia electrónica en la segunda mitad para rematar el epílogo boreal. No importa, porque entre ambas se sitúa la canción principal, “The Ascension”, un discurso maestro de folk -sin guitarras, como el resto del disco- sobre colcha de teclados. Con una frase para noquear.

`Everything comes from consummation, and everything comes with consequence´.