No existe imparcialidad en mi caso a la hora de hablar de The Bats o de cualquier otra banda similar trajinando en los márgenes de lo que últimamente se ha venido a llamar jangle. No es un término que me desagrade pero a menudo detecto connotaciones peyorativas, como si por el hecho de gustarte una música `fácil´ de escuchar debieses pedir perdón. El jangle no solo es un subgénero que empatiza a golpe de melodías radiantes, ritmo sencillo y guitarras transparentes, sino un arma muy eficaz para levantar el ánimo mientras se confirma que el corazón es algo más que un músculo. Y me fascina además que prolifere, por unas razones u otras, en zonas del planeta muy específicas, como California, Escocia, Australia y Nueva Zelanda. Da que pensar.

Se puede decir entonces que “Foothills” (Flying Nun 2020) es el nuevo disco de una banda a punto de cumplir cuatro décadas de existencia, y que suena -sí, soy parcial- fantástico, con la impronta austral de Flying Nun en primer plano. Grabado en las faldas de los Alpes del Sur neozelandeses para oxigenar aún más cada nota. No importa si una pieza es más elegíaca (“Red Car”), si transmite felicidad inquebrantable montado sobre su lomo (“Warwick”, “Smaller Pieces”) o admite pinceladas de guitarra sutilmente corrosivas (final de “Another Door”). Ni siquiera que convengamos, escuchando “Beneath The Visor” o “As You Were”, que la voz de Robert Scott no es igual que la de un Grant McLennan, y que Go-Betweens fueron únicos a la hora de destrozarnos con una buena melodía.

A la altura de “Field Of Vision” me rindo. El despliegue de sus recursos humildes en toda su plenitud. Cuarenta años ahí. Máximo cariño. Desde el corazón. Y bailo, y bailo, y salto, y salto, ensayando la nochevieja en solitario. Y grito sonriente…. ¡¡¡síííí!!!