En el séptimo álbum en solitario de Tobin Sprout al margen de su sociedad con Robert Pollard en Guided By Voices, salta la sorpresa. O al menos pocos esperaban que a estas alturas nos conquistase con ese dechado de vulnerabilidad que es “Empty Horses” (Fire 2020), un ejercicio de americana honesta de menos de media hora, con ciertos paralelismos con Son Volt y su concepto de tradición.

Lo que más impacta es la cantidad de emociones que transmite comparada a los pocos medios -y tiempo- que utiliza. Abre y cierra con composiciones de piano de minuto y pico, sorprendiendo de entrada la serenidad casera del juego de voces de “Wings Prelude”, seguida de otra pieza corta donde éstas se asientan sobre guitarra acústica (“The Return”). Y de pronto los dos golpes definitivos, y me atrevo a decir que las dos mejores canciones juntas del género en 2020. Porque si el nivel superlativo de una “Breaking Down” con su voz dejada sobre slides abre heridas, los ecos que retumban entre las notas de piano de “On Golden Rivers” acaban por noquear. Dos plegarias implorando no perder nunca de vista las tradiciones, con melodías de nivel altísimo.

La segunda parte de la grabación mantiene dignamente el listón, con lo rural del country folk íntimo de “Every Sweet Soul”, el paso de caballo de “Antietam” y una “All In My Sleep” más larga -seis minutos- recuperando el brío eléctrico, esta vez con el resquemor ácido habitual de Neil Young o Arbouretum pasado por el filtro lo-fi de Guided By Voices. Curiosamente esta canción, antes de llegar a la mitad, se dulcifica y reemprende un tono más suave instrumental liderado por el piano (fórmula “Layla”). Atrás ha quedado el néctar de un disco cuya humildad me temo necesitará una reivindicación permanente. Replay.