A priori no hay nada novedoso en este disco de Nick Cave explayándose austero -solo voz y piano- en una selección de canciones de su repertorio. Otros grandísimos compositores ya lo probaron antes en este formato, como -entre otros- Jimmy Webb (“Ten Easy Pieces”) y Randy Newman (“The Randy Newman Songbook”), de modo que “Idiot Prayer: Nick Cave Alone At Alexandra Palace” (Bad Seed Ltd 2020) podría colar como otro ´grandes éxitos´ unplugged.

Todos sin embargo sabemos que no es así, tanto porque el carácter solemne de sus composiciones podría magnificarse ante la austeridad instrumental, como porque las elige y las secuencia tras el trago de perder a su hijo, o porque la pandemia ha alterado el nivel de sensibilidad de todos -él y nosotros- y no vemos igual un `grandes éxitos´, grabado al piano en ratos libres, como esta selección interpretada en modo concierto sobre el escenario del Alexandra Palace vacío. Es sencillamente escalofriante.

A nivel personal además estoy en una nube. Desde “The Boatman´s Call” había soñado con un disco así. Nick, su voz, su poesía y su piano. Por ello me complace que sea, de lejos con seis piezas -ninguno de los otros aporta más de dos-, la base de este discurso tan íntimo y tan a la vez repleto de compasión. Cuando lo escuché por primera vez, al llegar a la cuarta canción -“Brompton Oratory”- ya supe que era el álbum que ligaría mi vida para siempre a la suya. Y aquí estoy, a la deriva y a merced de su flujo, sentado en los peldaños de piedra, sin mucho que hacer salvo disfrutar de esta maravilla.

Feliz año nuevo.