El entorno musical familiar de Sam Amidon en Battleboro (Vermont) conllevó un aprendizaje precoz, dominando pronto guitarra, banjo y violín. Esta faceta como instrumentista sería seguramente la que le impulsó a profundizar en las posibilidades de ampliar el espectro del folk tradicional inoculándole la elasticidad del jazz. En el percutir inicial del nuevo álbum homónimo (Nonesuch 2020) en “Maggie” se avista un pálpito no tan lejano a lo que últimamente intenta Nils Frahm con la electrónica.

También de esta canción podemos deducir más cosas, como algún reverb vocal tipo Damien Jurado -el de “A.M A.M”- en pos de recuperar aquel matiz tan personal del folk de los artistas de Island Records de hace medio siglo. Y, en la siguiente “Pretty Polly”, la comparación se torna definitiva pues rebusca en el mismo cajón que el de Ryley Walker de “Primrose Green”: John Martyn y Nick Drake.

Casi todas las canciones son versiones -como nos tiene acostumbrados- de cortes tradicionales adaptados a su mentalidad expansiva e interpretados junto a una banda de amigos de los dos lados del charco -Sam reside en Londres-, entre los que figuran Shahzad ismaily, Ruth Goller, Chris Vatalaro, el genial Sam Gendel, Bert Cools y el productor Leo Abrahams. Destacan “Light rain Blues” de Taj Mahal, “Spanish Merchant´s Daughter” con saxo de Gendel -en “Reuben” se produce un diálogo con el banjo-, la belleza nublada del piano de “Hallelujah” o la delicatessen acústica serena de “Time Has Made A Change”. Como detalle para el cierre, comparece en “Sundown” su esposa Beth Orton. Música exquisita.