“Celia” (Tiwa Savage). El crossover perfecto. Lo tiene todo, incluso una biografía interesante, esta nigeriana que creció a partir de los once años en Londres y volvió cumplida la treintena a Lagos para construir su carrera. La clave, llevar a un terreno mainstream todas las influencias adquiridas en los ires y venires, partiendo por supuesto de los sonidos de aquella parte del mundo (afrobeat, highlife, etc) para aplicar lo que el joven medio del mundo consume hoy (hip hop, trap, autotune, reguetón, Bollywood). Es como un mix de Kali Uchis y M.I.A en clave africana con un sonido extrasupermegaprofesional respaldando su sensualidad (recuérdese lo sedoso de la también nigeriana Sade). Imposible destacar solo una pieza, todas enganchan en un momento hedonista y cuentan las visitas en internet por millones, pero conviene destacar las que reciben respaldo de colaboradores, como “Temptation” (Sam Smith), “Ole” (Naira Marley), “Bombay” (Stefflon Don & Dice Ailes), “Park Well” (Davido) y “Pakalamisi” (Hamzaa). Fuera del radar alternativo también hay vida. Mucha vida.

“Made In Lagos” (WizKid). Carrera similar a la de Tiwa Savage. Importantísimo en la Nigeria actual, con presencia más sutil del afrobeat, con otro tipo de nocturnidad gracias al saxo, y con una mayor influencia caribeña (jamaicana básicamente). Excelente sobre todo el reggae tecnificado de “Smile” con H.E.R, entre otros muchos participantes: Damian Marley, hijo de Bob (“Blessed”), Ella Mai (la suave “Piece Of Me”), una Tems al alza (“Essence”), Burna Boy (“Ginger”), Skepta (“Longtime”), Terri (“Roma”) o Tay Iwar & Projexx (“True Love”). La variante superstar en la África negra anglófona, importando la estrategia occidental de ventas masivas (cien millones de streamings del álbum en los nueve primeros días, contrato con multinacional, tópicos sexuales machistas como en “True Love”, etc). Su mayor virtud es que, aún siendo monocorde en conjunto, su escucha no acaba cargando como otros similares.

“Twice At All” (Burna Boy). A pesar de jugar con la baraja tecnológica actual, solo utiliza cachos importados a cuentagotas -dancehall, por ejemplo-, aplicando una variante de afrobeat más en consonancia con la tradición del continente, incluso la propagadora de reivindicaciones sociales a través de la música, como una “Time Flies” junto a la agrupación Sauti Sol de Kenia, o “Monsters” con la aportación de Chris Martin. Otras colaboraciones destacables se encuentran en “Real Life” (fantástico el rapero Stormzy), “Level Up” (Youssou N´Dour) y “Naughty By Nature” (con ellos). Y resulta bastante convincente, por la percusión, como banda sonora -“Alarm Clock”, “Way Too Big”, “Bebo”- de la noche urbana africana. “Onyeka”, más étnica, dispone de un videoclip brillante.

“Funeral Songs” (Fra Fra). El contraste entre la alta tecnología nigeriana actual y el origen de todo. El trotamundos Ian Brennan -productor de Tinariwen- visitó Ghana, quedando prendado de los sonidos primarios de las etnias del norte. E hizo lo que todos soñamos -pero no nos atrevemos- cuando asistimos a un ritual allá. Grabar. A la crudeza de Small -la voz de este grupo reducido- entonando cánticos cuando se celebra un entierro le basta uno o dos instrumentos para impactar. Una calabaza como percusión o una guitarra acústica de dos cuerdas como el kologo capaz de producir efectos electrizantes -escúchese “Naked (You Enter & Leave This World With Nothing)”- son suficientes. Un trance minimalista para ser vivido y, con suerte, grabar. Para que jamás nuestra memoria nos castigue con el olvido.