“Empty Country” (Empty Country). Debut de Joseph D´Agostino en solitario tras la disolución de Cymbals Eat Guitars, con cambio de orientación. Aparca el emo, y deja entrar un cóctel de americana -bastante guitarra acústica- con arreglos psicodélicos incluyendo cuerdas. Cuatro canciones rondan los seis minutos, indicando que se toma su tiempo para desarrollarlas, pero sobre todo para enmarcar textos con historias inquietantes. En “Swim” el protagonista huye sin poder recordar si ha matado a alguien, mientras en “Becca” hay, durante un eclipse, una vendedora de gafas de sol que dejan ciego. Y también recurre a temas de salud, como “Ultrasound” -la única con claros vestigios emo y acompañamiento vocal de Charles Bissell de Wrens- y “Emerald”. Coproduce Kyle Gilbride de Swearin´.

“Making A Door Less Open” (Car Seat Headrest). Dice Will Toledo que quería dejar el corsé lo fi de su fórmula y, aunque sigue defendiendo que sus composiciones nacieron desde un prisma folk, solo una -el minuto y pico de “What´s With You Lately”- es acústica. Ahora se sirve de una dosis equilibrada de electrónica y guitarras que puede ir de Strokes a Gary Numan o Fischerspooner gracias a la destreza del percusionista Andrew Katz formando secuencias firmes sobre las que asentarse. Un estribillo magno (“Life Worth Missing”), tres piezas pensadas para agradar -las capas de synth juvenil de “Can´t Cool Me Down”, los riffs contundentes sobre razonamientos de rap en “Hollywood”, o el quasi pop de “Martin”- y la sensación de que esta voz tan nasal como Beck, Mark Everett o Julian Casablancas tiene la imperiosa necesidad -aún oculta- de verbalizar pensamientos muy interesantes (el final de “There Must Be More Than Blood”, por poner un ejemplo: `there must be more than tears, when they pull back the curtain, there must be more than fear´).

“Hard Feelings” (Kelley Stoltz). El siempre prolífico músico con una discografía donde se muestra bregado en distintas lides, busca en esta ocasión el power pop escindido del punk en canciones de dos minutos. A piñón fijo, sin que apenas se distingan unas de otras, con reflujo de anfetamina digerida por estómagos curtidos. Riffs primarios arquetípicos (“Me & My Mohawk”, “Japanese Sweat”, “Disappearing”), hipnotismo adictivo (“People In Power”) y algún solo tonto suelto (“It´s Crap”).

“Crockodials” (Kelley Stoltz). Una grabación de los tiempos en que un fan de Echo And The Bunnymen como Stoltz se atrevía con todo, recuperando enterito el álbum “Crocodiles” en 2001 gracias a la discográfica RSD. Fascinante perspectiva, vibrante y salvaje, de este clásico (con solo pinchar la brutalidad de “Villiers Terrace” ya uno se convence). Ideal para nostálgicos que no han perdido su energía interior; aquí tienen jugo donde mojar el pan.

“Ah! (etc)” (Kelley Stoltz). Su nueva grabación del 2020 es fruto del camino que ha ido tomando durante los últimos cuatro años. Pop de guitarras variopintas, con casi todos los instrumentos tocados por él (a excepción de la guitarra de Will Segeant en “The Quiet Ones”). Empieza Feelies (“Team Earth”), se toma bastantes licencias a lo Byrds/Beach Boys (“Some Other Time”) y termina con un rock & roll exultante (“Having Fun”). “She Likes Noise” está inspirada en Allyson Baker de Dirty Ghosts. Me sigo quedando con la variedad brillante de “Que Aura” (2017).