“Sorceress” (Jess Williamson). Uno de esos discos que podrían haberse quedado en un ejercicio austero -sigue presente Dan Duszynski de Loma- pero ha apostado finalmente, gracias de nuevo a la importancia de su pareja Shane Renfro y a otros músicos como Josh Jaeger -percusionista de Angela Olsen-, por la búsqueda de un sonido más corpóreo y lujoso. Podemos encontrar aromas fronterizos (“Sorceress”), suave psicodelia fresca (“Rosalies At The Border”), percusiones embrujadas (“How Ya Lonesome”), viñetas crepusculares con la slide llorando por entre un arreglo robusto (“Love´s Not hard To Find”) y excursiones distintas: piano eléctrico y wurlitzer sin llegar al satén de Destroyer en “Infinite Scroll”, intimismo rozando la soledad de “Nebraska” en “Ponies In Town” (`am I aging well? Am I just an aging well?´) y final de melodía panorámica sobreponiéndose al ribete narcótico (“Gulf Of Mexico”). Muy bien , aunque mejor incluso la canción que publicó mas adelante durante el verano (“Pictures Of Flowers”) acompañada tan solo por Meg Duffy y Jarvis Taveniere.

“Italian Ice” (Nicole Atkins). Recomendado para los amantes del buen gusto instrumental, de la mezcla indisoluble de country, blues y soul recatada. Desde Nashville pero invocando al Mississippi, esta mujer se mira en el espejo de Natalie Prass que a su vez se miraba en el de Dusty Springfield. Va de funk, casi siempre suave (“Am Gold”, “Domino”) a las piezas enriquecidas por cuerdas ampulosas y dramáticas (“St Dymphna”), siempre con las notas encajadas a la perfección (“Captain”), con una versión de Carole King (“A Road To Nowhere”) y con un clasicorro de bola de cristal y palabra de honor en baile de fin de curso retro (“These Old Roses”): Chris Isaak ayudó en el anterior, pero ahora el elenco es apabullante con David Hood y Spooner Oldham de Muscle Shoals, Binky Griptite de Dap-King, Carl Broemer (My Morning Jacket), McKenzie Smith (Midlake), y Jim Sclavunos (Nick Cave) y Dave Sherman dirigiendo arreglos. Un festín.

“Been Around” (A Girl Called Eddy). Tras quince años de aquel primer álbum coproducido por Richard Hawley, vuelve Erin Moran, ahora de la mano de Daniel Tashian (Kacey Musgraves) enfrentándose a composiciones clásicas que en determinados tramos no escatiman, entre vientos, cuerdas y coros, una opulencia florida. Su melancolía en bastantes baladas recuerda a Karen Carpenter (“Lucky Jack 20-1”, “Finest Actor”), sobre todo si se comprueba que en “Charity Shop Window” ha ayudado a componer Paul Williams. En otras ocasiones reflejan su admiración por Paddy McAloon (“Not That Sentimental Anymore”) o su afinidad con Carole King (“Big Mouth”). La más curiosa acaba siendo “Jody” pues repite el nombre como si Suzanne Vega en “Luka” estuviese respaldada por Steely Dan.

“Saturn Return” (The Secret Sisters). Americana sedosa a cargo de las hermanas Lydia y Laura Rogers, producidas por Brandi Carlile y los hermanos Phil y Tim Hanseroth, que les propician ricos arreglos a juego con sus voces de ensueño. Porque la inmensa calidad desplegada podría compararse -solo que en clave mainstream- a Mountain Man, The Roches, First Aid Kit o incluso Kate & Anna McGarrigle. La entrada de piano de “Late Bloomer” recuerda a Carole King (¡¡tercera mención en este post!!) mientras las resonancias de “Hand Over My Head” -la mejor- son del tipo Fleetwood Mac/Kacey Musgraves. Siempre con la pureza vocal (entrada de “Nowhere, Baby”) y los decorados de lujo (“Hold You Dear”, “Tin Can Angel”) para recordarme una vez más que la calidad en música no es negociable, venga del estilo que venga.

“Through Water” (Låpsley). Tras el empujón con la pléyade de colaboradores en el debut, ahora se descubre en plenitud. Más proclive a experimentar con colchas de teclados, su voz de tonos sanguíneos y alguna base rítmica de color, a veces puede parecer un cruce entre una Enya adaptada al presente (“Sadness Is A Shade Of Blue”) y la Grimes más ensoñadora. Destaca el R&B con simulación de orquesta de “Ligne 3” y la interpretación prístina por encima de la indietrónica amable (“My Love Was Like The Rain”). Incluso sola al piano, como en “Speaking Of The End”, desprende un sosiego adorable.