“A Written Testimony” (Jay Electronica). Tras más de una década anunciando el álbum de debut -“Act II: Patents Of Nobility (The Turn)”-, Timothy Elpadaro Thedford publica inesperadamente una selección distinta donde mezcla religión -con numerosas alusiones al corán y a Elijah Muhammad, pues ha abrazado el islám- y algo de política social, acompañado por su valedor Jay Z y con algunas comparecencias ilustres, sobre todo en los finales de “Universal Soldier” (James Blake) y “Flux Capacitor” (Rihanna). Especialmente acertado está en la larga “Ezekiel´s Wheel” (colabora The-Dream), mientras “A.P.I.D.T.A.”, que está compuesta la noche del accidente de Kobe Bryant, cuenta con un sample bien insertado de Khruangbin y un speech del jugador de fútbol americano Emory Jones. Aunque bien recibido en lineas generales, algunos criticaron que se publicase como un apaño -por ejemplo “Shiny Suit Theory” ya había circulado años atrás en Internet- para tapar la tardanza de “Act II”, que sorprendentemente por fin se publicó en octubre.

“God Has Nothing To Do With This Leave Him Out Of It” (Backxwash). Hip hop canadiense, queer, muy premiado en su país, trajinando con sonidos de metal -en la pieza titular hay un sample de Black Sabbath, en “Adolescence” de Led Zeppelin, etc- en un ambiente denso aunque sin perder cierta pegada elástica. Es paranoico y a la vez tiene un impacto magnético que te succiona. Trajina con la frustración del sistema occidental (nació en Zambia y menciona al jugador Serge Ibaka en “Black Sheep”), con adicciones varias (¿una de ellas el vodka?), menciona la magia negra y perturba con su groove mortuorio. Hip hop con respirador, por si falta oxígeno.

“Eternal Atake” (Lil Uzi Vert). El rapero de Filadelfia sigue con el catálogo de artículos de marca que puedes adquirir si triunfas -no he contado las veces que cita Rolls Royce, Bentley, Mercedes, Louis V, Rolex, etc-, esta vez con algo más de mirada lejana -los problemas de la fama, de las que se acercan a ver qué pillan- y concepto, dividiendo la grabación en tres partes. De Baby Pluto a Uzi, el personaje que musicalmente más me engancha es el de Renji, trapicheando en “I´m Sorry” y “Celebration Station” con un fondo de electrónica tropical de pulso caribeño. “Baby Pluto”, “Lo Mein” y “Silly Watch” suponen un despegue estelar en su carrera, pero las frases con chicha para captar a no iniciados están más adelante, en “Bust Me” (`and I wear my clothes tight like David Ruffin´), “Prices” (`got money like Anthony Hop, silence the lamb and your ass´ll get chopped´) y “Venetia” (`and she will suck on this dick if she old enough to vote´).

“Good News” (Mega Thee Stallion”). Tres opciones tengo para abordar estas diecisiete canciones entre los dos y tres minutos. Físicas, sensuales, sexuales, y adscritas al mejor hip pop (el pop del hip hop) de asimilación inmediata. Puedo dejarme mecer por las más directas y acertadas, como “Sugar Baby”, “Don´t Rock Me To Sleep” y “Freaky Girls” (con SZA). Puedo divertirme bailando como un simio retardado con “Work That”, “Intercourse” (con Popcaan y Mustard), “Go Crazy” (con 2Chainz y Big Sean) y “Don´t Stop” (con Young Thug). O puedo coger una hoja y apuntar cuántas veces a lo largo del álbum se escuchan las palabras (en singular o plural) bitch, nigga, ass, pussy, dick, shit y fuck. La tercera opción es la más agotadora. ¿No se aburren los artistas de hip hop de andar con el mismo tema? ¿No se cansa el público, o es que son como párvulos cuando se excitan con las palabras pipi y caca? Supongo que se cansan tanto como los del pop con las palabras love, miss, baby, etc.