“Marigold” (Pinegrove). No puede dejarse de lado el retraso que este disco ha sufrido debido a una supuesta acusación de delito sexual pesando sobre Evan Stephens Hall, pues el álbum es bastante más sentido y vulnerable que el anterior aunque siga con la fórmula de americana, basada en una mezcla de indie, folk y country alternativo, esta vez con un punto ligero de emo (la voz y el talante de las canciones a veces recuerdan a Death Cab For Cutie). Electricidad controlada y sentida (fantástica la subida de “The Alarmist”) que sabe conmover (la lentísima “Hairpin” podría sustituir ese abrazo de un ser querido que a veces necesitamos) gracias a la presencia del clan Levine (los hijos Zac y Nick, y el padre Michael William). “Phase” y “Endless” revelan el estado de ánimo del autor (insomnio, ansiedad) terminando con los seis minutos de indescriptible y profunda sensación de plenitud en la instrumental “Marigold”, con la guitarra aleteando entre la electrónica de liturgia ambient.

“UR FUN” (Of Montreal). Durante las últimas semanas ha ido creciendo debido a los acontecimientos. Cuando se publicó hace un año, me gustó el synth saltarín casi glam con comentario social del arranque con “Peace To All Freaks”: no hay muchos discos que empiecen con una frase tan potente como `don´t want to holiday, I want to educate myself´. También percibí, con una “Polyaneurism” de pulso parecido a “Video Killed The Radio Star”, que su pop se estaba decantando hacia una madurez bien ganada tras quince álbumes, e incluso me parecía anacrónico que Kishi Bashi, otrora miembro del colectivo, fuese más popular que ellos. Con el plus de textos con bastante chicha, como la historia de un hater de Internet en “St. Sebastian”, la conclusión de que la sociedad está enferma (una persona que se corta a propósito en “Deliberate Self-Harm Ha Ha”) pues promueve la marginación de los disfuncionales (en “20th Century Schizofriendic Revengoid-Man”). Lo que no obstante me ha convidado a volver a la grabación es “Don´t Let Me Die In America” y su texto: `I don´t want to die in America. Do I need to be comitted cause I don´t rate white Jesus? Have I lost my country because I have no love for piggy-piggy fascists?´. Vivir en Athens, Georgia, puede no ser fácil en estos tiempos si defiendes la democracia.

“World As A waiting Room” (White Denim). Con este título tan elocuente dejan claro el mensaje. Y es que, en marzo, intuyendo lo que se les venía encima, los de Austin se metieron en el estudio para expresar su visión de la pandemia. Sin desfallecer ni perder un ápice de su energía habitual, incorporaron un tono familiar para conjurarse ante los contratiempos. El riff tipo “My Sharona” de “I Don´t Understand Rock And Roll” repitiendo la frase `I don´t understand´ en bucle; la mecánica germánica de “Work” -repitiendo `work work work´ en modo autómata- al servicio del boogie tejano; los brotes psicóticos llevados con alegría instrumental digna de la rodadura de una gominola, o títulos tan ilustrativos como “Queen Of The Quarantine” o “Slow Death”. Además limando asperezas internas (ha vuelto Josh Block en tres canciones). Porque tal vez sea `the end of the world as we know it´, pero saltando solo mientras suenan “Eagle Wings” y “King Prospero”, podría jurar que `I feel fine´.

“XOXO” (The Jayhawks). Tras la salida de Mark Olson, tomó las riendas Gary Louris (respaldado por otro miembro fundador, Marc Pearlman), y algo de brillo folk se perdió. Tal vez consciente de ello, Louris ha abierto el abanico democrático, y todos los componentes del cuarteto aportan temas. Curiosamente destacan, por estructurarse desde la base de piano, “Ruby” y “Across My Field” de Karen Grotberg, así como una “Society Pages” de Tim O´Reagan que evocará a los Wilco más dulces, lo cual les crea una pátina de supergrupo -algunas canciones, debido al preciosismo vocal, nos llevarían a CSN- donde convive un espectro amplio, desde baladas (“Down To The Farm” de Pearlman, “Looking Up Your Number” de O´Reagan) a rock sureño efervescente (“Living In A Bubble”, con aviso pandémico incorporado). Siempre conscientes de que Gary es, por derechos adquiridos, el catalizador.

“Nightcap At Wit´s End” (Garcia Peoples). No me apetecía escuchar este disco. Demasiado material en un par de años, pero sobre todo una ecuación, cuando desarrollan los temas, que no acabo de asimilar. Muchos tramos enrevesados y mutantes, densos -no molestos- con la combinación de distintas guitarras que dialogan sin que el discurso consiga motivarme. Solo me enganchan cuando simplifican. Como en “Wasted Time”, de psicodelia suave muy Jonathan Wilson, o en la estructura más de blues seco de “One At A Time”, en una “A Reckoning” cuyo primer minuto con recursos folk se abre a una electricidad con tonada similar a “Scarborough Fair”, con los siete minutos bien compensados de “Painting A Vision That Carries”, o con el epílogo etéreo de “(Litmus)”. Pero sobre todo me siguen gustando pasajes sueltos: por ejemplo, en el instrumental “(Our Life Could Be Your Van)” cambian tres veces de dinámica; a mí me gusta la flotación del arranque. En éstas estamos.