“Listening To The Music” (Zephaniah Ohora). Discos de country de manual cada año surgen a miles. Que traspasen la etiqueta de country de gasolinera ya son menos, sobre todo si no aportan diferencias sustanciales en el pentagrama. El aliciente en este caso sin embargo se debe -más incluso que a la producción de Neal Casal- a la buena mano del autor con las canciones relajadas de escuela Merle Haggard con slides lloronas (aquí cortesía de Jon Graboff, experto en otras lides como Willie Nelson, M. Ward o Ryan Adams). “We Planned To have It All” es LA BALADA, así en mayúsculas, y le siguen de cerca “It´s Not So easy Today”, “When I´ve No More Tears To Cry”, “Listening To The Music” y “Emily”. Un lote pues importante. Y con el alegato bienintencionado de “All American Singer” apelando a la tolerancia y la reconciliación nacional (ya en previsión de sucesos como la invasión del Capitolio).

“Agricultural Tragic” (Corb Lund). Décimo de uno de los exponentes emblemáticos del country canadiense. Tras un periodo de desgracia debido a fallecimientos familiares, recupera en parte su vigor y su humor. Que no cunda la decepción al escucharle abriendo con un country rock vulgar de radiofórmula, pues en seguida se repone -“Old Men” reivindica la experiencia frente a la más apreciada juventud- y desenfunda piezas de trote genuino -un dúo con Jaida Dreyer en “I Think You Oughta Try Whiskey”- que después repetirá en “Raining Horses” y “Never Not Had Horses”. Todo ello combinado con ráfagas de guitarras afiladas sureñas y riffs sabrosos (“Grizzly Bear Blues”, “Dance With Your Spurs On”, “Rat Patrol”) y algún vals (“Louis L´Amour”).

“Fogerty´s Factory” (John Fogerty). Sin más interés aparente que el verle contento tocando sus canciones arropado por sus hijos, este pasatiempo durante el confinamiento se vio complementado por videoclips de la familia junta tocando en varias localizaciones: la de “Tombstone Shadow” (de Steve Goodman) en la granja con los burros es graciosa, así como la del blues “City Of New Orleans” con la furgona y el perro -salen unos cuantos perros en los clips- o la de una “Proud Mary” eléctrica -sin percusión- rodeados de banderas USA publicada el 4 de julio. Unas cuantas de CCR ya se publicaron en un EP -también incluía “Down On The Corner” y “Long As I Can See The Light”, que no entraron- y otras solo están disponibles en videoclips como “Up Around The Bend”, “Green River” y una “Who´ll Stop The Rain” donde explica la actuación de madrugada en Woodstock sucediendo a The Grateful Dead que le inspiró componerla. Solo para fans, aunque chapeau a John por hacerlo todo tan fácil. Versión de “Lean On Me” de Bill Withers incluida.

“The Freelancer´s Blues” (Dougie Poole). Del country con caja de ritmos al de banda de carne y hueso, aunque sin olvidar parte del pulso sintético con aire renovador desafiando el convencionalismo. Dougie, que ya cantó en el álbum de Drugdealer, cuenta con la ayuda de Jonathan Shenke (The Men, The Drums, Snail Mail, Parquet Courts) para revestir sus travesuras de la consiguiente pátina correctora que las convierte en anécdota inofensiva. El drive de “Los Angeles” podría ser de A.A. Bondy, “Natural Touch” contiene unos teclados de guateque de lustre ligeramente psicodélico, se atreve con un ensayo de crooner florido (“The Who´s Who Of Who Cares”) retornando al tuétano clásico al final (“These Drugs Aren´t Working”, “The Freelancer´s Blues”). Me recuerda a un Lee Clayton de hace cuatro décadas más inofensivo.

“Southside” (Sam Hunt). Menuda polémica ha suscitado este inesperado desvío de la ruta asignada por los popes de Nashville. Tras un disco de country de manual, a Sam le ha dado en el segundo por introducir elementos de hip hop y R&B a las slides. La herejía le ha costado la polarización de las críticas (unos le tildan de bastardo, otros de innovador). El caso es que, tras una “2016” tópica, empiezan en “Hard To Forget” las técnicas de hip hop y R&B (genial el final de “Kinfolks” con el banjo alegrando) o una “Young Once” donde invierte la preposición, atacando una estructura R&B con inicio de guitarra acústica. Con la osadía de seguir sonando comercial pero sobre todo entretenido, desafiando con textos impropios a la parroquia blanca.