“Imploding The Mirage” (The Killers). Nunca me han tentado The Killers. Algo de ellos me repele, sea la épica de sus canciones -como si reciclasen trucos de Springsteen y Meat Loaf- o el origen de Las Vegas, el cual asocio a un híbrido sintético que no parece natural (lo mismo me sucedió el siglo pasado con Duran Duran). En esta ocasión me quedo con tres o cuatro canciones. La épica no se ha perdido, y de algún modo se preserva con la producción de Jonathan Rado (Foxygen) y Shawn Everett (The War On Drugs). Por cierto, Adam Granduciel está presente en una “Blowback” muy funcional. Es una de tantas colaboraciones de este álbum, como Rob Moose, Alex Cameron, k.d. lang (“Lightning Fields”), Lindsey Buckingham (“Caution”), Blake Mills, Weyes Blood (“My God”), Lucius, o el fiel Stuart Price de Les Rythmes Digitales. La pieza más destacada es una “Dying Breed” cuyo arranque alemán se edifica sobre samples de “Hallogallo” (Neu!) y “Moonshake” (Can).

“Songs For The General Public” (The Lemon Twigs). A los hermanos D´Addario no sabes si tomarlos en serio. Será porque son muy jóvenes para querer trascender. Emulan a la perfección numerosos tics seventies que han magnificado la grandeza de pop y rock, sobre todo los que tienen que ver con la épica. Y ya puede ser ésta de veta Dylan, Springsteen o por el contrario de teatralidad glam, que ya se encargan ellos de mezclarlas sin complejo alguno. Aunque la primera impresión sea glam, después se dirige al rock, al pop Beatle (“Somebody Loving You”) o incluso acercándose al over the top de Meat Loaf (“Moon”). Más clásicos cuando pescan de acordes veloces de jangle (“Live In Favor Of Tomorrow”, “The One”), saben también ceñirse al tono vintage conformándose con sacarle brillo a los arreglos (“Hog”), pero su empeño sigue apuntando a la estética de aquel Todd Rundgren glam (o del Kim Fowley de “International Heroes”).

“Earth To Dora” (Eels). Son ya muchos discos con textos sangrando sus ansiedades y, de algún modo, E compone canciones a modo de terapia. Escuchando “Who You Say You Are” tal vez se centre en su divorcio reciente -los reproches ya se tornan visibles en “Are You Fucking Your Ex”- aunque algo en las dos primeras canciones -y en una “Earth To Dora” dedicada a una amiga perteneciente a su crew- enlaza con un presente más cercano universal: en “Anything For Boo” menciona Abbey Road pero también la canción “Lover” de Taylor Swift del 2019, mientras -casualidad o no- “Are We Alright Then” puede apuntar a un optimismo tras el confinamiento. Personalmente me llega reiterativo sin encontrar aquel caldo melódico extremo de tonadas cargadas de fatalismo. Y es que pocos artistas han facturado tantos discos sin apenas moverse del estilo de partida. Por cierto, portada similar (en color sobre todo) a una de Jim James.

“Disco Volador” (The Orielles). Propuesta desde UK intentando compaginar voces y melodías de dream pop con propulsión funk. Aunque empieza muy bien con “Come Down On Jupiter”, “Rapid I” y “Memoirs Of Miso”, el pastiche les queda al final algo blando. Por un lado, las voces femeninas aireadas -a veces cercanas a lo afrancesado- agarran una tonada dorada y la pieza más o menos funciona, como Stereolab con instrumentos pop. En otras, el trote bailarín -demasiado prominente en la canción titular, evidentemente disco- con bajos elásticos y bongos, parece intentar acercarse a referentes más serios tipo Franz Ferdinand o The Rapture. Para momentos estivales poco excitantes, como los del 2020.

“Rock Bottom Rhapsody” (Pokey LaFarge). No me atraen los artistas que edifican su carrera sobre bases enteramente retro. Los que no solo reinterpretan un estilo sin aportar ningún elemento musical propio salvo los textos, sino que además mimetizan una imagen a juego, con poses, diseño gráfico, etc. Desde el mismo nombre hasta la portada de color salmón, lo que me llega no es carnal. En este caso, la baza es jugar con estilos pre-rock & roll, muchos de ellos proscritos en su momento que después fueron abrazados por éste. El blues-gospel de “Fuck Me Up”, una “End Of My Rope” muy Buddy Holly, “Carry On” más cerca de Roy Orbison, el tono crooner de “Lucky Sometimes” (que la voz de Pokey no se puede permitir) o una “Just The Same” muy agradable. Todo interpretado con profesionalidad exquisita. Un viaje en el tiempo para regalarle a alguien para quien la música no es primordial. Como pensar que has visitado la Polinesia tras salir de Portaventura.