“Lindé” (Afel Bocoum). Escudero y discípulo de Ali Farka Touré y partícipe de algunas excursiones africanas de Damon Albarn, aporta la ración anual de lamento hipnótico del Sahel. Prioridad de sonidos tradicionales de Mali, tanto acústicos como los más eléctricos de la actual etiqueta de blues del desierto (“Penda Djiga” es una progresión ideal para entenderlo) aunque gracias a colaboraciones transcontinentales se abre a derivaciones interesantes. La más impactante es “Bombolo Liilo”, una especie de reggae del Sahara con detalles de kora y trombones 2 Tone (a cargo de Vin Gordon de Skatalites). También meritorias son las de Hama Sankaré y Tony Allen en “Djougal”, ambos después fallecidos. O las de Joan As A Police Woman, Songhoy Blues, etc. Y a modo de disfrute está “Avion”, una especie de himno francés de tiempos coloniales como guiño a la rumba congoleña.

“Wachaga” (Kutiman). El polifacético artista israelí Ophir Kutiel aprovecha un viaje al África oriental y queda fascinado por las tonalidades musicales escuchadas en territorio Chaga, en las faldas tanzanas del Kilimanjaro, decidiendo adoptarlas a su criterio edificado sobre bases de productor funk. El resultado es un maridaje entre aquel jazz líquido de vientos alargados seventies propulsado por Weather Report, y cánticos masai, con títulos poco imaginativos de lugares como “Tanzania”, “Maasai”, “Rainbow Kilimanjaro” y “Ngorongoro” -en esta última vientos y piano establecen un diálogo fantástico- o que se refieren a alguna vivencia, tal que “A Giant Snail” -bonito tribalismo casi sinfónico-, “Fireflys Before Tomorrow” -otra combinación emocionante-, “Awake In The Rain” y “Lost In The Bush”. A destacar la excelente inserción de estas voces agudas a un entramado que escapa del marco afrofunk.

“UPRIZE!- Music From The Original Motion Picture” (SPAZA). La inmersión lingüística es problemática en muchos países. El apartheid sudafricano se dio a conocer debido a una manifestación estudiantil en Soweto en 1976 en contra del acta de educación Bantú imponiendo el afrikaans en los colegios de los guetos. Hace tres años se publicó el documental “UPRIZE!” con música del colectivo de jazz sudafricano SPAZA, grabada justo cuarenta años después de los incidentes. Formación liderada por el residente sudafricano Ariel Zamonsky (argentino que colabora con Shabaka Hutchings), teje un jazz nocturno ribeteado con la voz femenina flotante de Nonku Phiri. Tres o cuatro piezas largas desarrolladas -“Sizwile”, “Solomon, Tsietsi & Khotso”, “Banna Ba Batsumi”- más una algo más corta -“Xolile Mosi”- entre las que se intercalan pasajes contextualizando las imágenes, algunas muy eficaces -en “Bayasiphazamisa” se siente la violencia policial que causó 176 muertos- mientras la fantástica atmósfera final en “We Got A Lot Of Work To Do” contribuye a esclarecer los acontecimientos, con una frase final para enmarcar. `I don´t care how many Mercedes Benz you have if it doesn´t head to the collective development of your people´.

“My Enemy, My Love” (Mentrix). El mantra persa del sufismo, ejecutado desde la óptica de una iraní emigrada durante su niñez a Francia que después retornó a su país, se empapa de mística religiosa y graba su debut en un lugar de la raigambre de Berlin, tan abierto a lo étnico como a lo electrónico. Predomina la percusión litúrgica mesopotámica -esa reverberación solemne de ritual- a la que se añaden detalles electrónicos que no merman su verosimilitud (salvo quizás la utilización del idioma inglés en algunas canciones). Convertir la tradición en algo vigente, sin perder el respeto, es lo que permanece tras sumergirse en la reverberación de sus cánticos.