Al igual que australianos y neozelandeses, el entorno musical de Canadá no solo tiene vida propia, sino que ésta además se mantiene últimamente en alza en sus múltiples variantes. Charlotte Cardin se mueve en esquemas pop con arreglos al día –autotune, electrónica, etc- para adornar, un poco como Coeur De Pirate. En “Phoenix” (Cult Nation 2021) además hace convivir las dos culturas prioritarias del país, la francófona y la anglófona desde su sede en Montreal.

En la primera parte del álbum se impone la modernidad. “Phoenix” canción es una de las muestras –lenta- más convincentes de la capacidad del autotune para emocionar. En “Anyone Who Loves Me” derrama su lenguaje más explícito –después, en “Sex To Me”, mostrará de qué le ha servido crecer entre las alusiones sexuales de canciones de Britney Spears y Christina Aguilera: `I don´t want to meet your family, unless your big borther is into me´- antes de dejar caer juntas dos piezas para bailar, “Meaningless” y “Daddy”.

A partir de allí, mitad de la grabación, el romanticismo y la reflexión se apoderan del ambiente. Baladas muy clásicas como “Sun Goes Down” y “Good Girl” (`thought this shit was over, you´re the best when you´re sober´) se codean con ambientes muy sentidos, como los tonos tristes tipo Nina Simone –territorio también pulsado por Celeste- de “XOXO” o una “Oceans” reflejando el amor desde la distancia del confinamiento (`you´ll never be alone, no matter the time zone´).