Todos tenemos una madre del cordero -bueno, varias- para distintos momentos de nuestras vidas. Para mí, “Something/Anything?” (Bearsville 1972) es, si en términos de sentir la fascinación del enamoramiento se trata, álbum fundamental en cualquier colección de románticos empedernidos. Un doble dividido en tres caras donde Todd Rundgren se encarga de todos los instrumentos, y una cuarta grabada en sesiones de una sola toma. Todas con sus momentos de tierna sensibilidad intercalados con su visión de rock & roll vetusto y remachados con aire vagamente conceptual.
Para los que sufren de corazón roto, la primera cara es imperial. Todd, harto de percusionistas que no le comprenden en sus discos anteriores, decide darle a las baquetas como buena o malamente puede, produciendo un pulso voluptuoso y a menudo impreciso que, una vez superpuestos los demás instrumentos y voz, deviene arrebato entrañable. La calidez de “I Saw The Light” y “Sweeter Memories” enfrentada a la tristeza de no ser correspondido de “It Wouldn´t Have Made Any Difference” y “Cold Morning Light”: cualquiera de las cuatro, en la discografía de otros, supondría su cumbre artística.
También aportan las dos caras siguientes un nivel alto de estribillos para fundirnos. El romanticismo alborotado de “Saving Grace”, la nostalgia que nos parte de “One More Day” y la magnificencia dulce de “Torch Song”, esta vez intercaladas entre guiños al blues (“Black Maria”), acordes de La Bamba (“Breathless”) y algún desbarre prog apuntando a su futuro en Utopia (“Little Red Lights”).
En cuanto a la cuarta, suena como una fiesta de amigos -con apuntes de Rundgren en los créditos- entre los que podemos encontrar los vientos de los futuros Brecker Brothers, gente de Paul Butterfield Blues Band y de la futura Utopia -parcialmente grabada en los estudios de Bearsville- o un solo de guitarra de Rick Derringer en “Dust In The Wind”, en un ambiente casual y relajado repleto de humor (por ejemplo “Piss Aaron”). No puede entenderse de otro modo una entrada tan distendida como contrapeso para enfrentarse a la estelar “Hello It´s Me”, o a la vulnerable “You Left Me Sore”, donde en el estribillo final Todd desafina, se ríe, y sigue todo fluyendo tan mágico gracias a lo pluscuamperfecto de la composición.
En los créditos, para describir la sensación tras la toma de “Hello It´s Me”, el autor (él, the kid, our hero) muestra con concisión la mezcla entre la realidad y lo sentimental que configura nuestras vidas: he gets a little nervous on the second middle-8, but regains his cookies and chalks up an above average performance. The kid waxes funky for the fadeout. There are many people now in the studio, dancing and gyrating in a hypnotic manner. But when the song is over, he finds that the girl is gone. Again he is alone, meandering around the giant studio complex (wich has been operating at a loss for several months)…
Entre lineas podemos percibir el contraste entre el esplendor y la desazón. Irrepetible.