La nueva etapa de Damien Jurado –tras la trilogía que le ocupó parte de la pasada década- sigue consolidándose en un entorno modesto como el que el año pasado mostró “What´s New, Tomboy?” acompañado tan solo por Josh Gordon. Música tranquila, de regusto acústico en consonancia con el tono intimista de su tan propicia voz, que depende más de la inspiración compositora que de los atrezos. Y ésta, en el nuevo disco “The Monster Who Hated Pennsylvania” (Maraqopa 2021), le ha pillado sembrado.

Con ese estilo propio de cantautor nocturno impasible –casi estoico-, a través de la acústica sencilla de “Helena” advierte que piensa mantener el acuerdo de confidencialidad con el oyente. El ritmo más musculoso –relativamente- de “Tom” no deja de ser un espejismo a tenor de la fragilidad –ese detalle de glockenspiel- de “Dawn Pretend” o de “Hiding Ghosts”, y solo los teclados panorámicos de “Song For Langston Birch” y el crescendo de una “Johnny Caravella” que empieza suave –parece una toma acústica de “Sweet Child O´ Mine” de Guns & Roses- hasta alcanzar el punto catártico, podrían considerarse salidas de guión.

Sin embargo, lo más destacable del álbum se encuentra al final, con esa frase en “Jennifer” tan terminal (`I was the north wind inhabiting, you were a falling chair´) pero sobre todo la recuperación de una pieza que ya abordaba en directo diez años atrás, “Male Customer #1”: una preciosidad cuyos ecos, sumados a la segunda voz, te llevarán de vuelta a aquellos dos primeros inigualables álbumes de My Morning Jacket para Darla. Sencillez bíblica.