Como era de suponer, MC Taylor –uno de los músicos más estimados por estos pagos operando como Hiss Golden Messenger- también ha permanecido activo a su modo durante la pandemia, que, como a todos, le ha cambiado su manera de encarar la vida. Podría ser que “Quietly Blowing It” (Merge 2021) no se viese contaminado por la situación, pero quien lo escucha no puede evitar ligar su música y sus textos al estado de las cosas.

Influye también por supuesto el tic vocal de Taylor, muy afín al de Dylan, así como la concatenación de acordes similares al del Bob pseudo góspel tras su conversión cuatro décadas atrás, que contribuyen a propagar el mensaje de maneras litúrgicas con argumentos instrumentales terrenales. Siempre le he percibido como un T-Bone Burnett menos pulido y traslúcido –más opaco y rústico- pero arropado por un grupo de músicos de gran solvencia, a los que se unen periódicamente otros también sobresalientes, como aquí gente de Dawes, Stuart Bogie, Matt McCaughan o el a menudo socio Scott Hirsch. En esta ocasión además ha compartido tiempo de confinamiento con ejecutores de Bonny Light Horseman como Josh Kaufman y Anaïs Mitchell (con quien ha compuesto “if It Comes In The Morning”), o Gregory Alan Isakov (“Painting Houses”).

A nivel personal, me gusta la colcha sedada de “Quietly Blowing It”, la parsimonia de “Glory Strums”, una corta “Angels In The Headlights” que parece compuesta bajo la noche estrellada tejana, y la tremenda fuerza interna que genera al final con “Sanctuary”. Uno de sus discos mejor ambientados.