El canadiense Paul Hayden Desser parecía tenerlo todo de cara artísticamente hace un cuarto de siglo cuando, tras echarle el guante Neil Young, consiguió un buen contrato discográfico. Parece ser sin embargo que la fama no le seducía tanto como para renunciar a otras prioridades. Se mantuvo incólume ante las presiones –y mantuvo su discográfica- optando por una trayectoria de perfil bajo alejado de los focos.

No he escuchado sus otros discos, ni anteriores ni posteriores, pero recuerdo el binomio “Skyscrapper National park” (Hardwood 2002) y “Elk-Lake Serenade” (Hardwood 2004) como salvavidas para transitar por aquellas primeras madrugadas del nuevo milenio, en la misma onda que entonces perfilaban M. Ward y Sam Beam. Acústicas introvertidas, percusión suave, voz con raspa y sobriedad, y a veces armónica, sobre las que se posicionaba algún instrumento puntual acá y acullá.

En “Skyscrapper National Park” conviven guitarras con desgarros suavemente chirriantes (“Street Car”), preciosidades cortas (“I Should Have Been Watching You”), pinceladas de raíces como “Steps Into Miles” con la steel de Bob Egan (Wilco, Cowboy Junkies, Great lake Swimmers), algo de cuerdas (“Bass Song”), bastantes cortes con la ayuda de un Howie Beck polifacético, y algún vals a cámara lentísima (“Lullaby”) creando una atmósfera digna de Lambchop mientras la frase `close your eyes and think about what you can live without´ cierra la grabación perdiéndose en la lejanía.

Dos años después, “Elk-Lake Serenade” (Hardwood 2004), disco que Mojo comparó con Bill Callahan, mantiene la presencia de Howie Beck más algún que otro músico como Karen Graves. Sigue predominando la introspección, con mayor variación combinando composiciones de guitarra con otras de piano  (la entrada de “Wide Eyes” o la fantástica “Elk-Lake Serenade”. Más parecido al Neil Young de “Harvest” que el anterior cuando apuesta por vals con armónica (“Woody”) o narra la añoranza al hogar estando de gira (“Home By Saturday”), e incluso al Neil de “Comes A Time” si se escora al country folk (“Don´t Get Down”). Entre el violín de “Killbear” y el acompañamiento vocal de Julie Doiron en “Roll Down That Wave”, se impone un intimismo (gran final con “Looking Back To Me”) tan solo roto por un par de canciones más movidas, reflejando la personalidad de un músico familiar y cercano, alérgico en aquellos días a los imperativos de la industria musical. Haría buenas migas con JJ Cale.