Cada cual imagina el paraíso a su manera. A día de hoy, yo lo imagino con una jukebox donde, entre miles de canciones, estuvieran todas las de Summer Salt. Su música cálida va más allá del tópico del disco que te llevarías a una isla desierta, pues no la imagino sonando mientras he de conseguir pescar con las manos o construirme un refugio contra los ciclones. Esa guitarra eléctrica de Matthew Terry cuyas notas son puro almíbar, junto a las voces estivales –insisto en lo apuntado en el post anterior sobre ellos: Whitney, Andy Shauf, Copacabana a la puesta de sol-, tan solo arropada por la batería de Eugene Chung, forma el cóctel perfecto para disfrutar del placer más pacífico. A ello se le habría de sumar la noción mezcla de honestidad y humildad que desprende, seguramente la clave para que Phil Ek repita en la producción de “Sequoia Moon” (Cherry Lime 2021) pese a la escasa repercusión de “Happy Camper” (2018).

El nuevo sigue la pauta marcada por el anterior. Quiere decir esto por un lado que se ha perdido la sorpresa de la pegada fresca –incluso como bloque el álbum es ligeramente inferior tras tres escuchas- pero por otro hemos ganado diez nuevas sabias composiciones –más dos interludios- para acompañarnos durante estos días de bonanza. Al principio pierden “Clover”, “Hocus Pocus” y “Monday´s Fácil” en las comparaciones con aquellas perlas como “Revin´ My CJ-7” pero, una vez atravesado el ecuador de la grabación, “Lewa Lani”, “Trouble In Paradise” y “Two Of A Kind” muestran claramente que son capaces de mantener la magia, sobre todo si le siguen “Patch Your Jacket”, “Colors Of Yopur Love” –muy bien en su segunda parte estirando músculos- y “Marielle”. Otro chute de melodías maravillosas. Enamorarse en verano.