Entre 1972 y 1977, el dominio de la música californiana estuvo en manos de la discográfica Asylum, que se dotó de una impronta personal entre cantautores de country/folk/rock –de Joni Mitchell a Eagles- capaz de crear un mercado ansiado por los competidores. Todo empezó cuando David Geffen, desanimado al no encontrar una discográfica que contratase a Jackson Browne, fundó Asylum. Amigo de Joni Mitchell –“Free Man In Paris” es para él-, el gay más poderoso de USA se medio retiró en 1977 debido a un diagnóstico médico erróneo, para volver en 1980 con Geffen Records.

Para su nuevo proyecto necesitaba en catálogo a un artista del corte de Warren Zevon y creyó encontrarlo en Greg Copeland. Incluso para el debut de “Revenge Will Come” (Geffen 1982) contó con Jackson Browne, productor de Zevon, con el también coincidente bajista Bob Glaub y con varios músicos afines de la talla del ingeniero Greg Ladannyi y el guitarrista Danny Kortchmar –que en aquel mismo 1982 estaban presentes en “The Envoy” de Warren-, Ian Wallace –King Crimson y tropecientos más- o Bill Payne de Little Feat en las canciones “That´ll Never Be The Same” y “El Salvador”, esta última popularizada después por Joan Baez. Incluso el diseño corría a cargo de Jimmy Watchel, hermano mayor de Waddy, el coproductor de “The Envoy”.

El álbum es característico de su época. Hoy algunas piezas de rock & roll más trotón –tipo Chuck Berry en “Wrong Highway”- se perciben algo desfasadas, como “Used”. En cambio las que gozan de una puesta en escena más dramática –como el cierre con “Revenge Will Come”-, las que entroncan con la narrativa de cantautor con títulos de lugares –“Full Cleveland” y “Eagleston”- y las que cuentan cosas –buscar al asesino de tu padre, matarlo y huir es la trama de “Richard Hill2- dejan un buen sabor de boca que no se repitió. Tras él, no se volvió a saber del artista hasta 26 años después, cuando publicó “Diana And James” (2008) ayudado por su amigo de la adolescencia Browne, así como el fiel Glaub, Greg Leisz y músicos de Joe Henry.