La primera impresión, marcada por el hecho de titular un álbum “Any Shape You Take” (Saddle Creek 2021), es que Indigo De Souza detesta que la encasillen en un molde concreto, y se aprecia mejor durante las cuatro primeras canciones, más bien cortas y distintas entre sí.

El despegue en “17”, con el autotune alcanzando las cotas de helio máximas, es una de las rodajas pop mejor resueltas del año, tras la cual se entra en ese ambiente de electricidad vulnerable que muchas compositoras han utilizado durante el último quinquenio. “Darker Than Death” tiene un punto aguerrido afín a la St. Vincent pre-sintes, y el rasgar tosco -pero eficaz según los cánones indies- de “Die/Cry” evoca las subidas intensas de Conor Oberst, hermano de uno de los padrinos de la discográfica por la que ha fichado.

A partir de la quinta composición el perfil del álbum cambia, con el resto de las canciones ligeramente por encima de los cuatro minutos. Pero sobre todo viene marcado por la intensidad máxima de “Real Pain” cuando ella se deja ir, bruta y exacerbada durante un par de minutos, buscando la herida y el daño, hasta reconducirse en una melodía piadosa tras la catarsis. Y no es que se imponga en el resto un ambiente mucho más sombrío –ahí está la casi disco “Hold U” y el grunge-pop de “Kill Me”- pero parece apuntar a una convicción equiparable a la de Angel Olsen, Torres, Waxahatchee o todas estas nuevas trovadoras trabajando la electricidad desde una estructura mental de cantautora (Soccer Mommy, Snail Mail, etc). Me quedo con la bonanza del primer tema. Pese al autotune. O gracias a él.