Británicos englobados en la misma nueva generación de sonidos urgentes escupidos con convicción y rabia, Horsey se distinguen de otros –Squid, etc- invocando a una teatralidad desbordante para transmitir pasión. “Debonair” (2021) contiene una variedad enorme de resortes a modo de presentación, y solo el tiempo dirá si se quedan con alguna de las opciones esbozadas o siguen en su piel camaleónica.

Cuando, tras escuchar el disco, leí que les gustaba el enfoque de Pixies, lo entendí mejor. Hay algo de bendita locura en su pentagrama (pese a ser británicos). Está en la manera de divertirse manipulando formas añejas –bajo la superficie, “Underground” inquieta macabra- sin renunciar a la protuberancia eléctrica de sus raíces, como “Everyone´s Tongue” o una “Leaving Song” grotesca con vago sabor a Ian Dury. Pasan de la nocturna “Lagoon” en forma de blues terminal de callejón –una caricia con las uñas afiladas- a un ritmo cabaretero del trópico colonial en “1070” -¿Paddy McAloon en un party con drogas?- dejando en medio vapores tabernarios de la misma bodega que Tom Waits.

Para cerrar, nada como la ayuda de un amigo atípico como King Krule para poner la voz en “Seahorse”, dejando entrever la cara salvaje agazapada tras la sedación. Este mismo disco, canalizando adecuadamente su gran variedad de ideas, servirá para que el siguiente aspire a clásico. Al tiempo.