Aunque a día de hoy se perciban como `grandes éxitos´ maquillados, hubo un tiempo en que los discos en directo tenían vida propia, sobre todo cuando empezaron a proliferar hace medio siglo. Uno de los mejores ejemplos es “In Concert” (Vertigo 1972) de Magna Carta, una formación de folk que pareció coquetear con el rock progresivo pero finalmente dio prioridad a sus virtudes acústicas. Grabado en un lugar de la raigambre cultural del Concertgebouw de Amsterdam (inaugurado en 1888), muestra la maravillosa capacidad de unos músicos para conectar en clave acústica con una audiencia receptiva a través de una calidez distendida.

No recuerdo bien, pero creo que la primera vez que escuché la canción “Airport Song” fue también la primera que la palabra Singapur me contagió unas ganas irreprimibles de viajar. `I should be leaving in the morning, on a flight for Singapore, I should be leaving in the morning, in a plane bound for the sun´. Un chute iniciático al que sucedía una “Time For The Leaving” tratando la decisión de abandonar el nido con una mochila y viajar, algo con que cualquier quinceañero soñaba entonces. Chris Simpson y Glen Stuart se hicieron acompañar por Davey Johnstone, que se incorporó a la banda antes de que Gus Dudgeon lo robara para incorporarlo a la formación que Elton John estaba perfilando para “Madman Across The Water”. Preciosismo de guitarra –incluso wah wah- básicamente acústicas, con protagonismo de banjo y mandolina entre excelsos juegos de voces, y piezas que mezclaban temática estrictamente musical con la social: introducen “Sea And Sand” ya poniendo sobre la mesa la reivindicación nacional escocesa, siguen con la tradicional highlander “Banjo”, otra muy roots (“Old John Parker”) y una aproximación al hillbilly (“Country Jam”), mientras “Seven O´Clock Hymn” –que juntan con “Winter”- está relacionada con Stonehendge.

La carrera de Magna Carta, aunque muy poco conocida a partir de 1980, es una de las más longevas de la música popular. Tuvieron su momento en 1974 con “Lord Of The Ages”, y Simpson jamás soltó las riendas. A mí me sirvió para avivar la mecha de la curiosidad viajera. Por cierto, ahora que llega el otoño, matizar que en Singapur luce el sol -por lo de `bound for the sun´-apenas en mayo y junio. El resto del año, casi siempre nublado o lloviendo con calor de mil demonios. Aún así, “Airport Song” me sigue emocionando.