El sonido de una colección de composiciones de Sufjan Stevens a medias con su discípulo –en formas, voz y texturas, al menos de la parte acústica de su estilo- Angelo De Augustine, estructuradas durante una pandemia que propiciaba numerosas horas de introspección, responde exactamente a lo que se espera de él. Fragilidad acústica, belleza innata fruto de una sociedad ya proclive por separado a ella, y el aire intimista cálido habitual de ambos.

La originalidad de la grabación radica en que la ha inspirado el visionado de varias películas juntos. Por el sonido acústico y agradable pudiera parecer que los referentes son cine alternativo sensible  -ya la banda sonora de “Little Miss Sunshine” trabajaba este patrón- pero, aparte de alguna pieza inspirada en clásicos de Hollywood (“All About Eve” en “Lady Macbeth In Chains”), la mezcla de guiones (“Wings Of Desire” en “Reach Out”, “Clash Of The Titans” en “Olympus”) es sorprendente a la que se recurre a “The Thing” de John Carpenter, “Hellraiser III” (“The Pillar Of Souls”), “The Night Of The Living Dead” (“You Give Death A Bad Name”) o “The Silence Of The Lambs” (“Cimmerian Shade”, la más larga y explícita, con referencias a la ginefilia, las larvas, el sastre y Clarice). El disco está dedicado a Jonathan Demme.

Stevens siempre ha tenido ideas originales, algunas peregrinas y poco realistas como la de publicar un álbum inspirado en cada estado norteamericano. Esta sin embargo se adapta perfectamente a las circunstancias, y tal vez por ello ha preferido utilizar una electrónica muy sutil como acompañamiento a las acústicas (en vez de la electrónica barroca ocasional tan suya), lo cual es de agradecer cuando se está disfrutando del cruce vocal de ambos –muchas comparaciones con Simon & Garfunkel, perceptibles en canciones como “Lost In The World”, de métrica casi “Scarborough Fair”- a modo de acuerdo de confidencialidad entre emisores y receptores. Ensoñador es poco.