Aunque la mayoría de aficionados de Hot Chip toman los discos de Alexis Taylor en solitario como un divertimento, ya va por el sexto, y seguramente a la larga se les valorará como algo más que piezas de orfebrería humilde. Esta vez retorna al intimismo de “Piano” (2015), que abandonó de modo puntual en “Beautiful Thing” (2019), con “Silence” (Orbistor 2021), un trabajo marcado por su inquietud religiosa y por dos aplicaciones del término silencio en su vida: el confinamiento, y la aparición del tinnitus –tal vez por ello termina con las olas de “Wollongong Waves”-, una enfermedad muy molesta que muchos aficionados a la música padecemos. Seguramente tienen algo que ver los títulos más relevantes del álbum, “Death Of Silence” y “Silence”.

Vuelve Alexis a maravillarnos con solo piano y esa voz de timbre tan emotivo. Ya en otro post habíamos comentado la similitud de su entonación con la de King Creosote, y aquí nos lo vuelve a recordar en “Violence” (la gravedad del violín), “Melting Away” (la quietud espiritual) y “You´ve Changed Your Life” (pacificando la estancia con solo repetir una frase). Casi siempre se ciñe al guión austero del piano salvo en la más arreglada “Dying In Heaven” o cuando a partir de él (sureño tipo Randy Newman en “Consequences”) florece emocionante apoyándose en otros instrumentos como violín (extrañas filigranas a juego con el título en “Strange Strings”), o se queda en modo contemplativo añejo como en el hermosísimo instrumental “Thylacine”. Pequeño gran disco. Una vez más.