Tercer álbum tras seis años sin publicar, el título “K Bay” (Domino 2021) hace referencia a su nuevo refugio/estudio en Kensington Bay para oxigenarse de Spacebomb. En él, Matthew E. White prosigue con su fórmula habitual –y única- de funk cósmico con pátina sureña, donde lo blanco, lo negro, lo acústico, lo eléctrico y lo mecánico se funden en una amalgama pétrea.

El ritmo de apisonadora entrando con “Genuine Hesitation” te arrastra en su contagio eufórico. “Electric” y “Nested” la siguen elásticas, tensionadas y matemáticas, densas pero a la vez livianas, columpiándose en el funk con trallazos metálicos aunque sabrosones. Sabe combinar, al más puro estilo negro, los temas para bailar como “Let´s Ball” –entrada digna de Earth Wind & Fire, de la que me está costando digerir la frase `I don´t believe in the erotics of doubt´ en semejante contexto- o “Judy” –rozando el frenesí dance-, con blues de luminosidad acústica –“Shine A Light For Me”- e intercalar odas sureñas –“Only In America/ When The Curtains Of The Night Are Peeled Back”, cuya orquestación tipo Randy Newman adquiere tono elegíaco en la segunda parte-, con tramos sugerentes –“Feel Like An Ax”- partiendo de un jazz nocturno –“Take Your Time”- que evoluciona florido.

Su permeabilidad para mutar –como en ese gran final  en “Hedged In Darkness”, agazapado tras las primeras notas, que eclosiona multicolor-, esa facilidad en las transiciones de lento a rápido, de espartano a ampuloso, y de rítmico a melódico, es lo que siempre me ha fascinado de él.