Cuando compré el primer álbum de Peter Case, de título homónimo (Geffen 1986), no sabía que había sido miembro de The Plimsouls. No me fijé en su nombre, sino en la lista de créditos que avalaba a un debutante. Una coproducción de T-Bone Burnett –le ayuda en algunas composiciones nada menos que Mitchell Froom-, autor de discos tan cristalinos como “Proof Through The Night” (1983), además de producciones ilustres para gente como Los Lobos, Marshall Crenshaw y Elvis Costello, era garantía suficiente. Más abajo, también en la contraportada, destacaba una “Small Town Spree” con arreglos de Van Dyke Parks.

Una vez adquirido y abierto el disco, en la funda interior estremecía la sarta de nombres de músicos implicados. Roger McGuinn, Victoria Williams, John Hiatt, más la pléyade sesionera de fama entonces interplanetaria (Jim Keltner, Jerry Scheff, Fred Tackett, Jerry Marotta, Mike Campbell, Jorge Bermudez, etc). Cuando empieza a sonar la música, impresiona sobre todo la transparencia y profundidad que Burnett consigue a través de una percusión contundente. Entre los acordes tipo Bo Diddley de “Steel Strings” se edifican resonancias que devendrán cristalinas, sean más folies o más negras. Conviven armónicas (“Three Days Straight”), guitarras rústicas amenazadoras (sobre las inquietas cuerdas de Van Dyke en La citada “Small Town Spree”), rhythm & blues herencia de Plimsouls (“Old Blue Car”), blues (una “Icewater” de matriz Lightning Hopkins), guitarras con estilete de punta fina (“Satellite Beach”), e incluso tiene Peter lo que hay que tener para llevar a su terreno una versión de “Pair Of Brown Eyes” de los Pogues para cerrar la grabación.

Como no es cosa de gastar esfuerzo inútil, copio y pego extractos de la reseña escrita en su día (Ruta 66 nº13, diciembre de 1986): `pero la clave está en las canciones más arraigadas en la cultura norteamericana. Es la óptica del hobo de los 80, del espécimen urbano que deja la seguridad de su hogar en Los Angeles para volver a los tiempos de adolescencia en que recorría el país de punta a punta empapándose de la experiencia popular. Una primera toma de contacto con el disco puede producir ciertas dudas. Firmas ilustres, sonido hipercuidado –deslumbrante si me apuras- y el respaldo de la siempre sospechosa Geffen no son precisamente bazas positivas para el aficionado más comprometido. La visión y aptitudes de Case sin embargo le hacen sortear esta prueba con un sobresaliente´.