Estas cosas lamentablemente suceden. Doce años atrás, uno de los comentarios aquí en un post de We Were Promised Jetpacks me recomendaba escuchar a The Last Dinosaur. No lo hice en aquel momento y, aunque después de unos meses tuve ocasión de escucharles, ya se me había pasado el arroz. El covid me ha devuelto a aquel fantástico primer trabajo “Hooray! For Happiness” (Dearstereofan 2010), quizás sobre todo al recordar su entrada tan edificante.

Sí. Porque mirando la portada mientras las primeras notas de “Every Second Is A Second Chance” alumbran radiantes en la oscuridad, me invade la sensación de una euforia honesta; una sensación necesaria a día de hoy –cada segundo es una segunda oportunidad- para sobreponerse a la pandemia, entre Mogwai y The Field. El equipo liderado por Jamie Cameron combina lo clásico con lo improvisado –el piano de “Gusts Of Wind Blowing In Different Directions” sonando en su universo privado-, la atmósfera cinematográfica –la primera mitad de “The Song Playing At The End Of The Film Of My Life” podría ser banda sonora de “Hinterland”- con enseñanzas de jazz y clásica, desplegadas en el preciosismo de la trama de “Home”, en la humildad elevada a arte –los violines y el piano de “The Greatest Film Never Made”- o en la esbeltez contundente de un ritmo primitivo a juego con el título –“The First Last Dinosaur Song”- para que el saxo garabatee una viñeta de ensueño.

De todos modos la auténtica sorpresa se produce cuando la voz y lo que la rodea buscan el tono afectado de Sparklehorse. Ese juego de piano y guitarra acústica en “Fool” a punto de salir a cabalgar juntos después de la introspección, con la voz susurrando medio rota, es muy Mark Linkous, así como “Be That Boy”, o la levedad inaprensible de “The Record Player”. Otro detalle significativo para una de las joyas extraviadas a lo largo del camino de la vida. Muy feliz de haberla reencontrado. El último dinosaurio. Luchando contra la extinción.