La estrategia importa. Lily y Jack Wolter, cabecillas de Penelope Isles, deciden que Jack produzca el segundo álbum de la banda “Wich Way To Happy” (Bella Union 2021). Y que lo mezcle Dave Fridmann. Acierto total por parte de los de Brighton.

Siempre me ha gustado el sonido marca de la casa de Dave. Esa chispa cítrica de las guitarras, los adornos espectaculares brillando en los tramos más tranquilos, la variedad de recursos –un disco con su firma rara vez se percibirá repetitivo- y su mano experta a la hora de trabajar las partes melódicas realzando su belleza y a la vez rebajando el azúcar. En el caso presente no son tan psicodélicos como Flaming Lips ni Mercury Rev, sino más bien un cruce de ambos –psicodelia al margen- con algún grupo de luminosidad cándida tipo Allo Darlin´ o Camera Obscura tras una charla con las féminas de Stereolab y Broadcast.

Con “Terrified” y “Rocking At The Bottom” poniendo las cartas boca arriba, las canciones se suceden biensonantes y –a su nivel- imaginativas, sobre todo para quienes, como yo, somos fácilmente impresionables. Las partículas de centellas sobrevolando “Iced Gems”; los tramos bellísimos de “Sudoku” –tanto en la solemnidad inicial como en la subida redentora-; las maravillosas entradas y salidas de instrumentos en “Miss Moon”; o la alfombra de épica contenida perfecta bajo las acústicas en el cierre con “In A Cage”. Dulce otoño.