Ya se desglosaron las virtudes de Butterfly Child al rescatar hace años “Soft Explosives”. Joe Cassidy llegaba a este tercer álbum con el azúcar a tope desde Chicago tras iniciarse en Belfast y debutar discográficamente gracias a la ayuda de AR Kane. Un entorno singular cuyo fruto, aquel primer “Onomatopoeia” (Rough Trade 1993), necesita ser rescatado ahora.

En el mundo rosado de Cassidy siempre aparecía alguna nube para poder después realzar la luz. El instrumental “Ave” avisa que, tras el ruido ensordecedor, tarde o temprano llega la calma, para a partir de “Our Lady Mississip” –así se leía en la contraportada- explorar las bases melódicas que después reafirmaría, más luminosas, maravillosas y pop. En este disco fluyen por doquier, aunque a veces las combina con destellos de vanguardia modesta en consonancia con sus amigos. Drones, xilófonos y una percusión increíblemente imaginativa a cargo de Richard Thomas se ponen al servicio de melodías de ensueño –“Young Virgins Call For Mutiny”, la catedralicia “Triumphant”, “Ex:Celsius” con su final de frecuencias anfibias- que jamás andan lejos de quien las escucha. La longitud de los temas además se produce porque Joe procura encapsular los dos conceptos en una misma composición sin que se vea forzado o incompatible.

Cuando al final opta por una orografía gaseosa celestial (“Stars Light Up Orleans”) con tintineos (“Eva”) y arpegios escandalosamente bonitos, uno disfruta de una sensación impagable de plenitud, aún hoy preguntándose las causas de su anonimato. Más que incomprendido, inadvertido. A mí me acompañó muchísimo a la hora de convertir mis tribulaciones en dicha.

Solo quería reivindicar a Joe Cassidy una vez más, tal vez la última, pues falleció el pasado 17 de julio. RIP.