La música de Grouper siempre ha sido más de sombras que de luces, así que no engaña al titular su nuevo disco “Shades” (Kranky 2021). Esta vez sin embargo no hay que inquietarse prematuramente pensando en las posibilidades que tiene la mente de Liz Harris de jugar con sombras y electrónica, pues la mayoría de las canciones del álbum, salvo “Followed The Ocean” y “Disordered Minds”, dejan a un lado el ambient para explorar su variante más acústica.

De hecho son temas que ha compuesto a lo largo de los últimos trece años en momentos específicos, con el mar, el agua y el flujo en sus pensamientos o como paisaje a su alrededor. La mayoría de ellos son de austeridad extrema, acústicos y lentos, lentísimos; comparando, a su lado una canción de cuna normal sería el equivalente a Black Sabbath. Las letanías de “Unclear Mind” y “Ode To The Blue”, si ya padecen de una quietud admirable, son superadas después por “Pale Interior” y “Promise”, y, con la voz en susurro apenas perceptible, hasta el punto de, en “Basement Mix”, desaparecer en la distancia para regresar de puntillas durante segundos. Una espiritualidad con final feliz pues la última, “Kelso”, aunque también acústica, es la más accesible haciendo una concesión postrera a lo diáfano.